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Análisissábado, 18 de enero de 2025

Expediente Confidencial / Se va el peor presidente

Joe Biden es el peor presidente en la historia moderna de los Estados Unidos. No lo digo yo, lo dicen los hechos.

Quienes todavía lo defienden, quienes salen con que fue bueno, es porque así les conviene a sus intere$es, porque tienen las manos embarradas de dinero infecto.

Su país está hoy peor que hace cuatro años: más inseguro, más dividido, más debilitado.

Además ha sido un pobre diablo pusilánime en el ejercicio del poder, un vulgar títere de los Obama, de los banqueros y bolseros aliados del crimen y sus ONG, de su hijo Hunter y, sobre todo, de su esposa, Jill.

Jill y Hunter son siniestros. No les importa sobre quién tengan que pasar para salirse con la suya.

Joe tomó las dos decisiones más importantes de su mandato con base en los deseos de ellos.

Lo de Ucrania, porque su hijo Hunter está metido hasta el tuétano con los oligarcas de ese país.

Teniendo una situación extremadamente tensa y delicada con Rusia desde 2014, Zelenski y sus aliados fueron a jalarle los bigotes al demente de Putin, con su amago de que Ucrania ingresara a la OTAN, y el costo lo han pagado millones de inocentes.

Al final, Joe terminó indultando a su hijo por todos los delitos cometidos en los últimos 10 años, no solamente por los que estaba acusado. Es decir que, seguramente, Hunter cometió muchas más tropelías de las que sabemos.

Llama la atención que el indulto aplique desde 2014, justamente el año de lo de Crimea ¿Qué otras hamponadas cometió Hunter en Ucrania?

Y lo de la reelección, porque para Jill eran muy poco cuatro años ¿Qué importaba que Joe muestre demencia senil? Si él no iba a mandar.

Pero cuando se actúa con tanto cinismo y desvergüenza, más tarde o más temprano algo termina saliendo mal

Biden fue un multitítere y todo iba bien mientras las cuerdas de sus titiriteros estaban más o menos en armonía.

Pero cuando uno quiso ir para un lado y otro para el contrario, las cuerdas se enredaron.

Cuando Jill decidió que necesitaba cuatro años más de poder, y los Obama querían que su amiga Kamala tomara el lugar de Joe y gobernara ocho, las cosas se complicaron.

Jill se aferró y para cuando Joe se bajó de la candidatura, la mierda ya brotaba del inodoro como un géiser.

En el camino, “alguien” tuvo la “brillantísima” idea de querer matar a Trump ¿El objetivo? Que Nikki Haley, segundo lugar en la interna republicana y quintacolumnista, al estilo de los Bush, McCain o los Cheney, tomara su lugar.

Así, se aseguraban una candidata tipo Mitt Romney, que fuera tan mala y pasiva como para que Joe o Kamala triunfaran.

Pero a Trump no lo pudieron matar ni en tres intentos.

Y como Trump seguía vivito y coleando, los Obama y Kamala entraron en desesperación: tiraron de encuestas claramente pagadas, de Lady Gaga, de Jennifer Garner, de ABC News, y de todas las formas habidas y por haber de campaña negra.

Tanta desesperación llevó a cubrir cada vez menos las huellas y el estiércol ya era tanto que para millones y millones de estadounidenses fue claro quiénes eran los verdaderos hampones dispuestos a todo con tal de seguir teniendo el poder.

Mientras, parece que Jill ordenó algo aplicar la muy mexicana estrategia de los brazos caídos. Si no iba a gobernar ella ¿Por qué le habría de facilitar las cosas a Kamala o a cualquier otro?

Al final, Trump recibirá las llaves de la Casa Blanca del mismito que se las quitó hace cuatro años: Joe.

Hace unos días, con el fallecimiento de Jimmy Carter, no faltó el servil que comparó a éste con Biden.

No tiene perdón de Dios hacer eso. Carter pudo haber sido un gobernante deficiente, hasta muy deficiente si se quiere, pero jamás fue un hampón sinvergüenza, sin carácter y sin moral como Biden.

En el limbo de la mediocridad, Biden está solo, sin parangón con otro mandatario estadounidense. Hasta el olvido sería un premio para él. Al contrario, merece ser recordado como un error, un grave error electoral de Estados Unidos. Uno que jamás debe repetirse.

Comentarios: gerardofm2020@gmail.com

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