Ciencia, tecnología e innovación, factores del desarrollo económico y social
Cesáreo Teroba Lara
La innovación elemento imprescindible
En Latinoamérica resultados insuficientes
Luego, al argüir que la posición de cada país en la economía internacional depende de su capacidad para absorber conocimientos y acortar la brecha con la frontera tecnológica, se pregunta: ¿Cuál es la situación de América Latina y el Caribe en ese campo?
México enfrenta grandes retos
Si bien en 2018 el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) llegó a 28 mil integrantes, 70 por ciento más que en 2010, la estructura del sistema y los criterios de funcionamiento no son los más adecuados para aprovechar ese crecimiento.
El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contemporáneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) se han convertido en herramientas necesarias para la transformación de las estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, el cuidado de la salud, la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales.
Vincular a las instituciones de ciencia y tecnología con las demandas sociales conlleva un proceso que moviliza, no solamente a la comunidad científica sino a muchos otros actores de la vida social. El fortalecimiento institucional, la formación de investigadores y tecnólogos, la creación de instrumentos de vinculación y la difusión social de los conocimientos, constituyen elementos centrales del programa de ciencia y tecnología para el desarrollo sostenible, la equidad y el fortalecimiento de la cohesión social.
Las expresiones “sociedad del conocimiento” y “economía del conocimiento” describen fenómenos que caracterizan a la época actual y muestran un camino al que todos los países han de ajustarse en la medida de sus posibilidades. Disponer de las capacidades necesarias para crear conocimiento y gestionar su incorporación a las actividades productivas, es algo que no se logra por arte de magia ni en un plazo corto, se requieren planes, decisiones estratégicas de largo plazo.
Las anteriores expresiones se encuentran en la Presentación del documento elaborado por un grupo de expertos convocado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), con el propósito, en el 2012, de abrir un debate para elaborar el Programa Iberoamericano de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo y la Cohesión Social.
Tal documento consigna que la innovación es la meta hacia la que se orientan muchos de los esfuerzos y políticas públicas en ciencia y tecnología. La innovación es el proceso que conduce a mejorar la posición competitiva de las empresas mediante la generación e incorporación de nuevas tecnologías y conocimientos de distinto tipo.
El proceso de innovación consiste en un conjunto de actividades, no solamente científicas y tecnológicas, sino también organizacionales, financieras y comerciales, capaces de transformar las fases productiva y comercial de las empresas. La innovación es la base de la economía del conocimiento y es también uno de los motores de la globalización.
En síntesis, la OEI plantea que, para impulsar el desarrollo económico y social sustentable, los países de Iberoamérica deben aplicar políticas que conduzcan a impulsar la innovación, crear e incorporar conocimiento científico y tecnológico de calidad y socialmente relevante, difundirlo y aplicarlo en las empresas y otras instituciones, proceso en el cual deben colaborar, tanto los investigadores, los tecnólogos, los empresarios, los gobiernos, las instituciones educativas y la opinión pública.
El libro Ciencia, Tecnología e Innovación en la Economía Digital: la Situación de América Latina y el Caribe, editado en 2016 por la CEPAL, establece como premisa que las trayectorias tecnológicas son inseparables de la producción y el empleo, por lo que es fundamental identificar los tipos de innovación que mejor se orienten hacia el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, planteados en la Agenda 2030 de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible.
Lamentablemente la respuesta es que, si bien hay avances, los indicadores del esfuerzo innovador y el acceso a la tecnología, no son favorables. También es débil el posicionamiento de nuestros países en cuanto a la capacidad para absorber conocimientos de los nuevos paradigmas tecnológicos.
“En las últimas décadas México ha logrado avances en materia de ciencia, tecnología e innovación (CTI), pero no a la velocidad que el país requiere y, ciertamente, con menor celeridad que otras naciones, incluso de Latinoamérica, de acuerdo con las opiniones de científicos y universitarios.” Tal conclusión encabeza el reportaje de Arturo Sánchez Jiménez, publicado en La Jornada el pasado domingo 26 de los corrientes.
La noticia hace referencia al contenido del documento “Hacia la consolidación y desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación”, elaborado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y otras 85 escuelas de educación superior como el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad de Guadalajara y la Academia Mexicana de Ciencias; Este documento fue entregado la semana pasada al presidente electo Andrés Manuel López Obrador.
Entre los rezagos y deficiencias que es preciso atender de inmediato –señala el documento- se encuentran los siguientes: la bajísima inversión en CTI medida a través del gasto en investigación y desarrollo experimental que es de alrededor del 0.5 por ciento del producto interno bruto (PIB), hay sólo tres investigadores por cada 10 mil habitantes y el país sólo consigue 400 patentes por año.
De 2015 a 2018 la participación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en el presupuesto relacionado con CTI ha pasado de 43 a 34 por ciento y entre 2016 y 2018 tuvo un recorte presupuestal del 28 por ciento, amén de que los fondos destinados para apoyar la investigación científica han disminuido en términos constantes cada año, pues su capacidad adquisitiva tiene enormes reducciones por la inflación y la devaluación.
El documento entregado a López Obrador concluye señalando que entre los grandes retos que enfrenta la nación para hacer frente al futuro en una economía basada en el conocimiento y la innovación, es preciso fortalecer el sistema de ciencia, tecnología e innovación, lo que pasa por modificaciones a las normas del Conacyt y a las leyes, entre otras medidas, de otro modo, si no dispone de los mecanismos articuladores y del presupuesto para programas estratégicos, difícilmente el Conacyt podrá actuar como cabeza coordinadora de la CTI.
En Tlaxcala, a partir del diagnóstico que en esencia reconoce que existe desvinculación entre el desarrollo de la ciencia y la tecnología y las actividades del sector empresarial, el Plan Estatal de Desarrollo 2017-2021 perfila como objetivo “fortalecer las acciones emprendidas con los sectores automotriz, textil, químico y turístico; al tiempo que potenciar el apoyo a instituciones de educación superior que realicen programas de investigación e innovación relacionadas con las prioridades del desarrollo económico del estado.”
Pruebas de que en la presente administración gubernamental CTI tienen una elevada prioridad, se encuentran en la relación de las principales acciones realizadas en estos campos con apoyo del gobernador Marco Mena, acciones que enumera José Alfredo Xicohténcatl, colega articulista en este diario, el pasado lunes 27 de los corrientes.
Entre los logros que tendrán efectos plausibles se encuentran el Centro de Idiomas del Instituto Tecnológico de Apizaco (ITA); la incorporación de la Beca Tecnológica y Universitaria al Sistema Estatal de Becas, en beneficio de más de 5 mil estudiantes; el Consorcio de Investigación e Innovación del Estado de Tlaxcala, que tendrá su sede en las reconstruidas instalaciones de la Plaza del Bicentenario; así como la nueva infraestructura física y de desarrollo tecnológico en la Universidad Tecnológica de Tlaxcala (UTT), donde, con una inversión de 34 millones de pesos, se construyeron un edificio, un laboratorio, una cancha multiusos y una techumbre, además de adquirirse el Tráiler de la Ciencia-UTT.