Análisislunes, 23 de febrero de 2026
La caída de Nemesio Oseguera
*Antonio Martínez Velázquez
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*Antonio Martínez Velázquez
El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, ocurrido el 22 de febrero de 2026 tras un despliegue de las Fuerzas Especiales del Ejército en Tapalpa, Jalisco, marca un punto de quiebre en la convulsa dinámica del crimen organizado en México. Este suceso exige una lectura multidimensional que trascienda la euforia del éxito táctico inmediato, para lograr dimensionar sus repercusiones estructurales en el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), las implicaciones políticas para el Estado y los inminentes riesgos de seguridad regional.
Bajo el mando de Oseguera Cervantes, el CJNG mutó de ser una corporación tradicional del narcotráfico a una maquinaria paramilitar con la capacidad bélica para desafiar, de frente, el monopolio de la fuerza estatal. A diferencia de las agrupaciones de antaño que apostaban por la cooptación institucional y el sigilo, el cártel jalisciense instauró una doctrina de confrontación directa. El uso sistemático de armamento pesado —desde aquel emblemático derribo de un helicóptero militar en 2015 hasta el reciente decomiso de lanzacohetes— subraya la vocación insurgente de sus operaciones. La muerte de “El Mencho” fractura el eje de mando de una estructura que cimentó su hegemonía no solo en el trasiego transnacional de drogas sintéticas, sino en la asfixia territorial mediante economías predatorias: la extorsión sistemática, el secuestro y el huachicol.
En el plano gubernamental, esta operación se erige como el acierto táctico y de inteligencia más rotundo de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. La precisión del operativo demuestra una articulación eficaz de las instituciones de seguridad, especialmente de las fuerzas armadas.
En el tablero geopolítico, la caída del líder criminal oxigena y redefine la compleja relación bilateral con Estados Unidos, marcada durante los últimos años por recelos institucionales y la apremiante crisis del fentanilo. Para Washington y las agencias antidrogas, el operativo valida la utilidad de la inteligencia compartida y disipa las tensiones diplomáticas más recientes. No obstante, este triunfo conjunto reconfigura las presiones sobre el gobierno mexicano: el aplauso diplomático de hoy mutará rápidamente en la exigencia de blindar las rutas de trasiego ante la volatilidad que se avecina. La Casa Blanca es consciente de que el descabezamiento de una transnacional del crimen no frena por decreto la demanda de opioides, pero confía en que este golpe debilite severamente la logística operativa de su principal proveedor.
A pesar de la contundencia de esta victoria de Estado, el escenario a corto plazo advierte nubarrones. La virulenta respuesta de la organización —que desató una oleada de narcobloqueos e incendios coordinados en Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Colima— constata que la estructura de mandos medios del cártel mantiene intacta su capacidad de parálisis logística y terror táctico.
El mayor desafío estratégico para México radica ahora en la inevitable atomización del CJNG. La experiencia empírica es terca y demuestra que el descabezamiento de las cúpulas criminales genera un vacío de poder que detona, de forma invariable, guerras de sucesión a sangre y fuego. Al extinguirse el liderazgo vertical, es previsible que las distintas facciones y brazos armados se despedacen por el control de las rutas del Pacífico, las redes de lavado de dinero y las plazas de extorsión local. Este fenómeno de balcanización amenaza con disparar los índices de violencia a nivel municipal, desgarrando directamente el tejido social y la economía de las comunidades que quedan como rehenes en la disputa por el territorio.
La neutralización de Nemesio Oseguera Cervantes era una acción indispensable para reafirmar la autoridad institucional frente al desafío armado. Sin embargo, el operativo en Tapalpa no es el epílogo del conflicto, sino el prólogo de una incierta y compleja fase de contención. El Estado enfrenta el doble imperativo de desarticular las redes operativas y financieras sobrevivientes, y de mitigar la onda expansiva de su inminente fragmentación. Recuperar el control territorial absoluto será la única vía para evitar que, de las cenizas de este imperio, germinen nuevas hegemonías del terror.