La transformación de México, sin futuro
En política, como en la vida, los resultados se imponen al discurso, y en los más de siete años de gobiernos de Morena, la transformación que vive México es la de un país sin futuro.
Durante casi 18 años de campañas, Andrés Manuel López Obrador prometió que México crecería al 6% anual en su gobierno. Era, según él, la prueba de que su modelo económico traería prosperidad para todos. Pero la realidad terminó siendo muy distinta.
Los números no mienten. Con Carlos Salinas de Gortari, México creció en promedio 4%; con Ernesto Zedillo, 3.4%; con Vicente Fox, 2% y por la culpa de Felipe Calderón, creció la economía en 1.8% y con Peña Nieto fue de 2.2%.
Pero con los genios de la transformación las cosas son distintas. Lejos están del crecimiento, vivimos en un estancamiento. Con López Obrador, el crecimiento promedio fue de apenas 0.9%. Y ahora, con Claudia Sheinbaum, la economía mexicana apenas ronda 0.8%, una de las tasas más bajas de América Latina.
México, la segunda economía más grande de la región, apenas alcanza 0.8%.
Y esto no es producto del azar ni de una conspiración internacional ni de la mafia del poder ni de los neoliberales. Está claro que es el resultado de decisiones políticas equivocadas.
Cuando un gobierno ahuyenta la inversión, cancela proyectos estratégicos, debilita instituciones, destruye órganos autónomos y sustituye el mérito por el clientelismo político, el desenlace es inevitable: menos crecimiento, menos empleo y menos oportunidades.
La izquierda en el mundo tiene una larga historia repitiendo ese mismo guion. Prometen justicia social, pero terminan produciendo pobreza. Pasó en Cuba, pasó en Venezuela, pasó en Nicaragua y hoy, por desgracia, vemos señales preocupantes en México.
La paradoja es brutal, porque mientras el gobierno presume programas sociales y discursos ideológicos y ayudas a Cuba, millones de mexicanos enfrentan un país donde cada vez es más difícil emprender, invertir o generar empleo.
Un país que no crece es un país que no genera oportunidades para sus jóvenes, que no puede combatir la pobreza de manera sostenible. Simple y llanamente, un país que pierde el futuro.
Por eso hoy debemos decirlo con claridad: Morena sí está transformando a México. Pero lo está transformando en un país sin crecimiento, sin inversión y sin rumbo económico.
México merece mucho más que un modelo basado en ocurrencias ideológicas. Merece políticas públicas que impulsen la inversión, que generen empleo y que vuelvan a colocar al país en la ruta del crecimiento.
Porque cuando la economía se estanca, quienes pagan el precio no son los políticos en el poder. Son las familias mexicanas.












