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Si los partidos políticos son el medio para llegar al poder, los fines son de orden económico. Las promesas de campaña para los electores simplemente se olvidan. Esta democracia representativa no está funcionando, porque no hay ley que obligue al candidato triunfante a ser congruente con sus postulados de campaña.
Se apellidan “políticos” porque los integran quienes tienen inquietudes por la vida y representación política, por el poder, llámese diputados, senadores, presidentes y gobernadores. Los constitucionalistas norteamericanos “parieron” el gobierno representativo con sus tres poderes y ahí nació la idea de que entre sociedad y poder debían existir estructuras ciudadanas a través de las cuales se eligiera a los representantes con el voto del pueblo y así se integrara al gobierno. Esta democracia moderna se inspira en la de las naciones griegas, en donde el voto era directo, lo que ahora por la complejidad de las sociedades actuales no puede ser.
En México, al triunfo de Juárez, definido que seriamos una república, desechada para siempre la tentación monárquica, nacieron los partidos liberal y conservador. Después de la revolución, para unificar a fracciones en lucha, se pensó en el partido único que de alguna manera hizo su aporte para la construcción de la democracia mexicana. El priismo desde su creación hasta el siglo actual, dominó a la buena o a la mala el escenario. Cuando Reyes Heroles fue secretario de Gobernación, estudioso de la realidad mexicana que era, impulsó una profunda reforma, que reconocía la existencia de otros partidos, les daba subsidios públicos, voz en las cámaras, acceso a las gubernaturas y representación proporcional. En los últimos sexenios hemos oscilado del priismo al panismo y ahora al morenismo. Hace unos días se habló de que a los partidos políticos se les reduciría al cincuenta por ciento el subsidio que el Estado les otorga, lo que nos lleva a la pregunta de que si esta propuesta es justa o desfavorable. A la luz de esa propuesta debemos preguntarnos, cual ha sido el resultado de gastar a lo largo de cuatro décadas, miles de millones de pesos subsidiando a los partidos políticos. Dinero que bien pudo haberse dedicado a combatir la pobreza, a la educación o al desarrollo social. Ahora “figurones” políticos anuncian que construirán partidos nuevos. Los partidos deben ser sostenidos por sus integrantes, ya que supuestamente, al estar capacitados y conocedores comparten una ideología determinada y deben ser congruentes con ella. Hace algunos días en Tlaxcala, un tal Bejarano anduvo de activista político y cuando se fue, dejó anunciado que con sus huestes se iba a retirar del PRD pero no anunció a cual se iba, lo que dejó un fuerte tufo a que espera que por su “mercancía” otros partidos le ofrezcan, le den, lo acepten a cambio de prebendas, etc. Las organizaciones ciudadanas, los grupos grandes o pequeños que trabajan en política, se han convertido en materia negociable a cambio de dinero o de candidaturas, todo depende de cómo los diferentes líderes maniobren. En esto nada importan las propuestas ideológicas, estas resultan ser estado y materia de discurso para nuestros políticos.
¿Pero en realidad cumplen su función democrática o que son nuestros partidos? son agencias de colocación, son propiedad de grupos o de familias políticas, son monopolios de candidaturas, son posibilidades de enriquecimiento, son fuentes de poder, son acceso a las posiciones plurinominales y seguras para sus dirigentes, son escenarios políticos donde se reparten discursos, mentiras y engaños. Son mercado donde se venden las candidaturas y se les dice a los candidatos externos que no hay dinero para costear candidaturas, que deben hacerlo con sus propios recursos. La realidad es que los subsidios partidistas se destinan a usos personales y toda posibilidad de candidatura se compra y se vende al mejor postor. Este señalamiento en Tlaxcala alcanza incluso al partido nacional triunfante. Ya electos los representantes populares se comportan como un “rebaño”, en donde el líder los “pastorea”, como no tienen postura ideológica votan para su conveniencia económica, personal o la de sus líderes—creo que ahora hay excepciones por supuesto--. Los que no están de acuerdo, solamente renuncian y se van a otro partido, sin ningún escozor ideológico, es la política del “trapecista legislativo”, presente en las últimas décadas, no tienen pudor, su fuerza política es una mercancía.
Si los partidos políticos son el medio para llegar al poder, los fines son de orden económico. Las promesas de campaña para los electores simplemente se olvidan. Esta democracia representativa no está funcionando, porque no hay ley que obligue al candidato triunfante a ser congruente con sus postulados de campaña. Los partidos son negocios y “franquicias”, algo en el régimen legal de los partidos esta mal diseñado y por ello este desastre.
Durante muchos años la pertenencia al priismo, era garantía de poder, de acceso a la riqueza, de prepotencia, de impunidad. Este gran aparato electoral en época de elecciones era una poderosa maquinaria con todo el dinero del mundo. De ese partido emergieron los que corrompieron a la política desde Calles hasta nuestros días, no les importó entregar la nación al extranjero cuando a partir de Miguel de la Madrid comenzaron su obra destructiva y de implante de la política neoliberal.
Estamos hartos de la corrupción y el desengaño de “partidos alcantarillas sin fondo”, de que por ahí se tire tanto dinero público, que enriquece a los líderes. Los partidos son mecanismos de engaño, compraventa y traición en donde los aspectos ideológicos solo existen en los discursos.
Deveras que estoy cierto de que los partidos políticos no han cumplido ni tantito la función para la que fueron creados, de que sus dirigentes los ven como negocio y sus candidatos como escalera para trepar, pero no para lo que fueron creados. La democracia moderna en un afán de perfección debe hacer un esfuerzo creativo para lograr instituciones que construyan democracia sin corrupción ni perversión. Los partidos en su forma actual son inútiles y costosos, porque las leyes que los rigen son infuncionales y sus líderes corruptos.