El certamen reunirá a representantes de todo el país; asistirán el director internacional Francisco Cortez y la reina internacional, la puertorriqueña Leanis Nahir
La gobernadora Lorena Cuéllar y la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, pactan agenda conjunta y confirma apoyo económico para el programa de canje de armas “Sí al desarme, Sí a la paz”
En las instalaciones del Tecnológico de Apizaco arrancó la estrategia de vacunación contra esa enfermedad, con la aplicación de cinco mil dosis en una primera jornada dirigida a estudiantes de preparatoria, educación técnica y nivel universitario
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Mi querido río Zahuapan, octubre es propicio para acercarme a ti, el mes (dicen) de las lunas más hermosas, aquellas que iluminan tu cansado y eterno correr en el anochecer de tu centenaria vida. Por cierto, ¿cuántos años tienes? ¿También cumpliste 499? ¿Acaso tienes 1,000… 5,000? Permite detener mis pasos, un tanto cansados, y sentarme en tu ribera, junto a tu lánguido afluente, y recordar un poco mis travesías, o por mejor decir travesuras, cuando te conocí, allá por 1968, cuando yo apenas tenía cuatro años de edad.
Mi papá, en esporádicos recorridos dominicales por estos lares, nos traía en plan de esparcimiento. No tenías, como hoy, muro protector alguno de ningún lado. Recuerdo que al principio me daba temor acercarme a tus aguas; él nos comentaba que en ti se empezaban a notar ciertas manchas, producto de residuos industriales. Yo no entendía eso: en realidad me enfocaba en esos pequeños “estanques” que en tu costado se formaban, y en cuyo fondo percibí ciertos pececillos que, ingenuamente, trataba de atrapar como si fueran de plástico. Recuerdo bien que, a pesar de mojarme mis pantaloncillos, no importaba, la emoción y el gusto de intentar ser más rápido que algún pescado de dos o tres colores que yo pretendía sujetar, era más fuerte que cualquier explicación; ninguna, por “técnica” que fuese, que yo no entendía, era más importante que la inquietud y la emoción infantil.
Y así fueron pocas ocasiones más. Incluso, organizábamos carreras de barquitos, viendo con emoción el puntero, hasta perderse en la lejanía. Con el correr de los meses, y años, y leyendo determinados temas, fui conociendo que eras famoso: en tu derredor, más allá de pescaditos, se arremolinaban y entretejían leyendas, algunas románticas y otras muchas un tanto misteriosas o “de miedo”, como aquellas que cautivaban, a pesar del temor que me causaban, como eso de que la “llorona” caminaba a tu costado a altas horas de la noche; o esa de que debajo del Puente Rojo se escuchaban murmullos o lamentos que a más de uno lo hacían correr. Pero también empecé a conocer que en tu trayecto histórico se han entretejido líneas y páginas de historia que, eso sí, se me hace más real y más interesante que las leyendas “de miedo”.
Pero también supe, me enteré, y leí, que en distintas épocas fuiste objeto de composiciones musicales y poéticas; que tlaxcaltecas bien nacidos, hombres y mujeres, han escrito a lo largo de las centurias, décadas y años; pensamientos, canciones, poesías y salutaciones en tu favor. En la adolescencia “eso” me extrañaba, porque mi reducido conocimiento me indicaba que las poesías nada más se escribían y componían para las personas, básicamente para las mujeres. Con el paso del tiempo, y de las lecturas, me fui educando en tal sentido, y de ninguna manera me apena reconocerlo. En otra ocasión recordaré contigo los primeros temas; en esta ocasión mi interés es recordarte algunas poesías que llevan tu nombre, y que tú inspiraste a personas agradecidas, que siempre mostraron un alto respeto por tu vida, por tu limpieza, por la vida que prodigaste a cientos de pescaditos y animalitos que de tus aguas bebieron, se nutrieron y cumplieron una función vital; además de las personas que saciaron por muchos años su sed al disfrutar de tus refrescantes aguas.
Miguel Mitre Sanmartín, en torno a la canción “El paterno río Zahuapan”, escribió hace algunos años: “Así dice la canción que el extinto cuanto añorado y querido maestro de música Pascual Méndez me enseñara por allá por 1933-34 y, cuando la interpretaba, en su rostro moreno se iluminaban sus ojos o los entrecerraba lánguido, sus manos se deslizaban inquietas por el blanqui-negro teclado de su piano…”, un fragmento de la citada canción dice: “Como se cuenta a un amigo / que se quiere, le contaba / lo imposible de su amor / al paterno río Zahuapan. / Y el río, que iba claro y manso / soñado con su mirada / alejóse sollozando / mirando como lloraba...”. Esa, querido río Zahuapan, es la única fuente fiable que tengo; ninguna certeza tengo del autor original; pero como es más que evidente, no es de mediados del pasado siglo XX, esa aún más antigua.
Otro Miguel, por cierto, también te escribió, en fechas similares, un sentido canto en forma de corrido, que también es válido, y aunque no lo sea, lo traigo a colación porque es de los más conocidos: “Agua del río sus caricias / azules de atardecer. / En sus manos cielo y río / Juntos se pueden beber. / río Zahuapan, río Zahuapan / donde ella viene a lavar; / déjame ser arenita / y entre tus aguas cantar. / Junta la arenita / que la junto yo; / que está la luna naciendo, / que ya en tus manos nació”. Me refiero, desde luego, a don Miguel N. Lira, que a más de ti, también le escribió a la ciudad de Tlaxcala, a sus gentes, a sus calles, y por si eso no fuera suficiente, “a sus silencios azules”; ese hombre realmente quiso, añoró y amó profundamente a su “Niña Tlaxcala”.
Esto ya parece “Covid”: otro “Miguel” también fue uno más de tus enamorados; me refiero a José Miguel Méndez Gochez, aquí algunos fragmentos: “Hermoso río Zahuapan / del pueblo tlaxcalteca, / belleza incomparable, / no olvides que te quiero, / te dejo mi alegría / mis más gratos recuerdos. / por el sendero del Zahuapan / se van las golondrinas, / se van como a los montes / las noches a soñar, / así nuestros recuerdos / como las perlas finas / se van como los ríos, / se van buscando el mar…”
Otro de tus enamorados es el indiscutible cantor Ricardo Alva, que con su auténtica vena poética escribió impecables líneas en tu honor. Del titulado “Río de Tlaxcala”, aquí apenas unos fragmentos: “Margaritas de sol naciente / se miran en tus aguas azules, / Cual polvo de estrellas se advierten / entre el verso de oro y el perfume! / El perfume de las flores y el oro del sol / remanso de paz que camina… / agua y árbol que van alrededor, / Y una flor de paz para la vida. / . . . . . Si guardas el cielo en tus aguas / queda en el azul el corazón… / de los poetas que aquí te cantan / En las orillas de la poesía… y la flor”. Ricardo Alva logró escribir todo un derroche de real señora poesía; y las páginas de El Sol, por fortuna, recogieron en su mayor parte todas esas composiciones, de esas que en realidad se deleita uno leyéndolas. Poesía, como en tu momento fueron tus hermosas aguas: cristalinas, armónicas, frescas, necesarias para el cuerpo y para el alma.
Estas líneas, respetado río Zahuapan, son apenas el principio de esa maravillosa vena poética que tlaxcaltecas de todos los tiempos te han escrito; líneas, sonetos, versos que habré de rescatar de esa gran sociedad de poetas que, con sus letras, siguen vivos, y con las cuales debemos levantar la voz para decirte lo importante que has sido para nosotros, por cientos de generaciones; para mostrar un poco de arrepentimiento y de vergüenza por no saber valorar tus grandes cualidades; porque como sociedad tlaxcalteca nos hemos tapado ojos, oído y nariz, dándote la espalda, yo entre ellos, y no hemos sabido ser al menos un poquito agradecidos contigo.
Seguiré buscando voces bellas, letras clásicas, también voces modestas (muchas de ellas ya las tengo) que han sabido decir “gracias” por tu belleza y limpieza que te hemos arrebatado. Todavía los munícipes del siglo XVII y XVIII guardaban una severidad regia en tu favor, imponiendo multas o castigos a quien mancillara tus cristalinas aguas. En otro paseo vespertino por tu rivera, te recordaré, y me recordaras tantas cosas bellas. Por último: dando el crédito necesario, para obtener todo este material poético he debido “bucear” en las misteriosas páginas de El Sol de Tlaxcala, y he quedado impresionado por toda la belleza, no solamente poética, que ahí se conserva.