Análisisviernes, 1 de octubre de 2021
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Cada 28 de septiembre se conmemora en Día de Acción Global por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito, jornada de lucha que nace en la Convención de San Bernardino en 1990 como respuesta a las miles de muertes de mujeres en toda América Latina. Y es que entre las violencias, las violaciones y la falta de la universalidad en la salud, el aborto libre era la respuesta para garantizar la supervivencia de tantas mujeres sin voz.
Hasta la fecha, no se han resuelto las demandas sobre derechos reproductivos que tanto anhelamos las feministas, porque si hay algo que quedó clarísimo es que las formas de educar sexualmente no son efectivas en los lugares donde deberían serlo y las violencias siguen en aumento, sobre todo las que dejan a menores de edad siendo madres en un contexto que las vulnera en lo político, económico, social y educacional.
No sólo eso, cabe destacar que hace 100 años, Alexandra Kollontai mencionaba desde los postulados del feminismo comunista que el aborto era la herramienta para liberar de la esclavitud llamada matrimonio a las mujeres, una institución bajo la cual., y hasta la fecha, miles de mujeres son manipuladas y obligadas a permanecer en una cárcel llamada maternidad.
Ante este panorama debemos de recordar una brutal cifra que sacó el pasado martes el periódico español El País, en donde apuntaba que cada año se practican entre 750 mil y un millón de abortos clandestinos en México, de los cuales casi una tercera parte resulta en complicaciones. Y no, no es que abortar sea un método anticonceptivo, pero es también la solución que muchos hombres obligan a tomar a sus amantes, hijas, subordinadas, para librarse de consecuencias primitivas como las habladurías.
También debemos recordar que las feministas abogamos por maternidades libres, deseadas y amorosas, que sean por elección y no por obligación, basadas en una ley que ampare a quienes sufrimos de desigualdades estructurales. El aborto es justicia social porque nos sirve a todas pero les salva la vida a las más vulnerables. Y como tal, debería ser un tema político, no de religión.
Asimismo, ocupo este espacio para recordar que las feministas amamos tan profundamente la vida que queremos que cada bebé nacido en México sea deseado y feliz y que cada mujer tenga las opciones para ejercer su maternidad de la mejor manera posible, porque así como exigimos la despenalización del aborto, queremos aplicación de justicia, acortar las brechas salariales y políticas que nos permitan vivir sin miedo al feminicidio.
El feminismo es amor a la vida en sociedad desde una perspectiva equitativa y horizontal. Quien piense lo contrario, habla desde la ignorancia, el egoísmo o el oportunismo. Nunca más debemos permitir que nos culpen por querer dignificar nuestra existencia como seres humanos. Y está lucha no se va a acabar hasta lograr pasó a paso la utopía de la igualdad.