Divorcios prolongados vulneran a infancias
La saturación de los juzgados familiares complica la protección del interés superior de los menores.
Ximena García
Con base en los expedientes que la organización acompaña, se observa que la ruptura de la pareja adulta deriva en dinámicas que se extienden durante meses y generan un entorno incierto que afecta el desarrollo emocional de la infancia.
Los meses con mayor número de disoluciones fueron octubre con mil 602, abril con mil 508 y febrero con mil 395, de modo que concentraron 29.9% de todas las separaciones registradas ese año.
Procesos prolongados que alteran la vida cotidiana
Actualmente, Procúrame atiende 186 casos activos en la entidad, todos con acompañamiento psicológico y legal, y un número reducido con representación jurídica directa debido a la complejidad del proceso.
“Lo que vemos diariamente es que un niño puede ser manipulado por cualquiera de los dos progenitores cuando el resentimiento domina el proceso, y esa dinámica termina colocándolo en un lugar que no le corresponde y que afecta su estabilidad.”
También explicó que estos escenarios se presentan con mayor fuerza en expedientes donde la disputa impide acuerdos básicos sobre convivencia, pensión alimenticia o custodia, lo que incrementa la incertidumbre.
Aunque algunos casos logran resoluciones tempranas que permiten una convivencia estable, la mayoría requiere intervenciones extensas, evaluaciones periódicas y seguimiento psicológico para evitar que la tensión se traduzca en afectaciones duraderas.
Consecuencias en la infancia
Investigaciones realizadas en universidades del país han identificado que la separación de los padres puede generar tristeza, inseguridad, ansiedad y cambios de conducta en niñas y niños cuando el proceso ocurre en un entorno de conflicto constante.
Además, especialistas advierten que la ruptura de la pareja adulta produce afectaciones en el desarrollo emocional de la infancia cuando el conflicto se mantiene activo y no existen acuerdos que permitan ofrecer estabilidad.
Es decir, aunque los efectos no son inevitables, se vuelven más profundos en contextos donde la disputa entre los adultos se convierte en el eje de la relación familiar y la infancia queda desplazada de las decisiones que deberían protegerla.
Juzgados familiares al límite de su capacidad
Malpica Olvera declaró que el incremento de divorcios conflictivos ha puesto a los tribunales en una situación donde difícilmente pueden resolver con oportunidad asuntos que requieren atención cercana y sensibilizada.
“La carga en los juzgados familiares ha crecido tanto que muchos casos se alargan sin una revisión de fondo, lo que deja a niñas y niños en un limbo emocional que no atiende sus necesidades y tampoco protege su proceso de adaptación.”
De acuerdo con la organización, esta saturación también se refleja en resoluciones que mantienen estructuras rígidas de convivencia o medidas provisionales que duran más de lo previsto.
La falta de revisión constante puede reforzar dinámicas que perjudican a la infancia, sostuvo Malpica, sobre todo cuando existen desacuerdos entre los adultos o se utilizan estrategias que prolongan el conflicto legal.
Urgencia de colocar las infancias en el centro
Asimismo, Malpica Olvera dijo que este fenómeno se vuelve más recurrente en contextos donde la relación de pareja se rompe sin acuerdos previos y los adultos priorizan la confrontación sobre la estabilidad emocional de las y los menores.
“En muchos expedientes el conflicto entre los adultos termina quitando del centro a la infancia, y si no corregimos esa mirada seguiremos normalizando daños que podrían evitarse con decisiones oportunas y una valoración más cuidadosa.”
Sin embargo, insistió en que estas medidas deben acompañarse de mediación especializada y evaluaciones periódicas que permitan ajustar las resoluciones a la vida real de cada familia.
Hacia una atención más completa
Por ello brindan asesoría psicológica y legal y asume representación directa en casos donde se acredita vulnerabilidad, con el objetivo de que la transición hacia una nueva estructura familiar no derive en un daño prolongado.
Su planteamiento es que una separación no tendría que traducirse en un periodo de inestabilidad para niñas y niños, siempre que las decisiones se tomen con oportunidad y se mantenga su bienestar como eje central.






























