Análisislunes, 28 de diciembre de 2020
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Agoniza un año que cambió las prácticas sociales y la forma de vida de millones de personas. La pandemia puso al planeta contra las cuerdas. Muchos dicen que es un año para olvidar, que fue una pesadilla que amenaza con continuar todo el 2021. Otros ven con optimismo el año que se va y rescatan nuevas experiencias que sin la crisis sanitaria no hubieran vivido. Lo cierto es que, entre estos claroscuros, el 2020 es un año que destapó el lado más podrido de los seres humanos paro también hizo florecer la esperanza en el futuro con ejemplos de sacrificio de miles de mujeres y hombres. El panorama que se aproxima no es alentador. Vivimos en la incertidumbre, el miedo y la soledad individualista.
Antes de continuar aclaro que esta esta una reflexión pesimista por si decide abandonar el barco antes de continuar la lectura. A principios de marzo de 2020, el filósofo y sociólogo esloveno Slavoj Žižek afirmó que la pandemia del nuevo coronavirus era una especie de “técnica de los cinco puntos para explotar un corazón” dirigida al sistema capitalista global. La analogía de Žižek se refiere a la escena final de la película “Kill Bill: Volumen 2” de Quentin Tarantín, en la cual Beatrix Kiddo (Uma Thurman) asesta un golpe moral de cinco puntos en el pecho de Bill (David Carradine). Si bien el SARS-CoV2 no ha liquidado el sistema capitalista, sí ha puesto en crisis la valoración excesiva de la humanidad. El golpe de cinco puntos alcanzó el culto exacerbado que hacemos de nosotros mismos.
En 1917, Sigmund Freud publicó un ensayo titulado “Una dificultad del psicoanálisis”, en el cual hace una crítica a la sociedad industrializada. Para Freud, la humanidad arrastra tres heridas narcisistas: Nicolás Copérnico demostró que la Tierra no es el centro del universo; Charles Darwin reveló que los humanos no somo seres divinos ni superiores al resto de las especies y la psicología mostró que el hombre moderno no es racional como pregona, ni libre y tampoco es dueño de su propia voluntad. La crisis sanitaria de Covid-19 asesta una nueva herida al estilo Kill Bill: los humanos no somos inmunes. La ciencia, la tecnología y la mediatización nos habían enseñado que los enemigos externos a nuestro cuerpo habían sido extinguidos. La medicina moderna desarrolló tratamientos y vacunas que nos libraban de males que habían azotado a nuestros antepasados. Las pandemias sólo eran recuerdos de historia.
El nuevo coronavirus surgido en un mercado de mariscos exóticos en Wuhan, China, en diciembre de 2019 cambió la percepción que teníamos del mundo. La realidad reveló cuan vulnerables e insignificantes somos para la naturaleza. Nos dimos cuenta, que la ciencia, la tecnología y el conocimiento no son suficiente para librarnos de peligros que sólo aparecían en series de Netflix. Para Covid-19 no hay escapatoria. Todos somos vulnerables. La virulencia puso en crisis el individualismo egocéntrico. En un año cambió nuestra vida. Al final de la pandemia no podemos ser los mismos, de lo contrario, nada habremos aprendido.