Esto tras una persecución y un enfrentamiento con armas de fuego, sin embargo, no hubo detenciones; las autoridades también detallaron que no se reportaron lesionados
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La detención de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, no es un hecho aislado. Es el resultado de una política de Estado que ha entendido algo fundamental: la seguridad no se improvisa, se construye con inteligencia, coordinación y determinación.
Durante años, este objetivo prioritario fue considerado uno de los líderes criminales más peligrosos a nivel internacional. Desde 2016 figuraba en la lista de los fugitivos más buscados por el Gobierno de Estados Unidos y era requerido por una Corte de Texas; en 2018 la Fiscalía General de la República ofreció 30 millones de pesos por información que condujera a su captura, y en 2024 el Gobierno estadounidense elevó la recompensa a 15 millones de dólares . No estamos hablando de un delincuente menor, sino del jefe de una organización con presencia nacional y operaciones en más de 36 países.
Su captura fue posible gracias a la coordinación interinstitucional. De acuerdo con la información oficial, hubo seguimiento técnico y trabajo de inteligencia por parte del Centro Nacional de Inteligencia, la Agencia de Investigación Criminal y la Fiscalía Especializada en materia de Delincuencia Organizada . A ello se sumó la Inteligencia Militar Central y la colaboración con agencias de Estados Unidos, lo que permitió ubicarlo en Tapalpa, Jalisco, planear la operación y desplegar fuerzas especiales del Ejército, Guardia Nacional y aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana .
La operación fue compleja y enfrentó una reacción violenta. Hubo agresiones armadas, uso de lanzacohetes, impactos a una aeronave y bloqueos carreteros en diversas entidades. Ocho agresores perdieron la vida, dos militares resultaron heridos y se aseguraron armas largas, vehículos y equipo táctico . Los elementos actuaron bajo el marco de la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza. Ese dato no es menor: en un Estado democrático, la firmeza debe ir acompañada de legalidad.
Reconozco la conducción firme y estratégica de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha dejado claro que la seguridad es una prioridad nacional con enfoque integral. Reconozco también el trabajo del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y del Secretario de la Defensa Nacional, General Ricardo Trevilla Trejo, así como el profesionalismo de nuestras Fuerzas Armadas y de la Guardia Nacional. Detrás de cada operación exitosa hay hombres y mujeres que arriesgan su vida por México. No son cifras, son servidores públicos con nombre, familia y vocación.
Pero no caigamos en triunfalismos simplistas. La detención de un líder no desmantela por sí sola las estructuras financieras, logísticas y sociales que sostienen al crimen organizado. El CJNG llegó a ser designado por Estados Unidos como Organización Terrorista Extranjera. Eso obliga a México a fortalecer su estrategia no sólo en el terreno operativo, sino también en el financiero, tecnológico y judicial.
Necesitamos consolidar una política de seguridad con tres ejes claros: inteligencia estratégica, cooperación internacional y fortalecimiento institucional. La Unión Europea ha avanzado en el combate al crimen organizado transnacional mediante redes de intercambio de información y coordinación judicial. Estados Unidos ha perfeccionado mecanismos de persecución financiera. México debe integrar esas mejores prácticas, respetando su soberanía y su marco constitucional.
La lección es clara: cuando el Estado actúa con información, coordinación y legalidad, puede enfrentar incluso a las estructuras criminales más violentas. La omisión, en cambio, genera expansión territorial, captura de economías locales y normalización de la violencia.
Hoy enviamos un mensaje contundente: el Estado mexicano no abdica. La seguridad es condición para el desarrollo, la inversión y la paz social. No es un discurso; es una responsabilidad histórica. Y en esa tarea, la firmeza no está reñida con la ley. Al contrario: sólo con ley se construye paz duradera.