El Elite y sus icónicos churros en Tampico
La churrería comenzó en 1946, gracias a la iniciativa de la familia Arcelus
Redacción / El Sol De Tampico
Por Silvia Rangel
Con frío o calor siempre será buen momento para disfrutar de un delicioso y azucarado churro del restaurante Elite.
Con una tradición de 76 años son un referente obligado en este puerto huasteco, donde solito o acompañado es un verdadero deleite.
Son en las tardes invernales cuando se forman largas fila en espera para comprar esta rica fritura que, según la historia, tuvo su origen en China y llegó a México gracias a los mercaderes portugueses donde lo hicimos totalmente nuestro.
En 1946 la familia Arcelus, de origen español, abrió en este puerto el restaurante Elite, con su famosa churrería y su fuente de sodas en una calle del centro tampiqueño.
Sin embargo debido a la inundación de 1955 decidieron cambiarse a su negocio actual en la calle Salvador Diaz Mirón.
Con 28 años como gerente del restaurante Elite, Elena Pozos ha visto como esta empresa se ha consolidado y permanecido en el gusto no sólo de los tampiqueños, sino también de turistas.
Entrar a este restaurante es sentirse en casa, por el estilo tradicional, calor de hogar y comida con sazón casero.
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Sus sabrosos churros
El tiempo que hay que esperar por unos churros es lo de menos, cuando la recompensa es dar esa primera mordida y escuchar el crunchi, ahora que si acompaña de chocolate, café o refresco es toda una delicia gastronómica.
Elena Pozos atribuye el éxito de esta churrería a varios factores, entre ellos que fueron de los primeros donde los clientes podían ver como se elaboraban, el material que utilizan y la higiene en el proceso.
El actual churrero es Miguel Angel Hernández, que cuenta con 15 años de hacerlos y que previamente recibió capacitación, ya que hacerlos no es fácil.
“Ante todo debe de ser una persona fuerte y ser muy cuidadoso, ya que maneja mucho aceite caliente”, dice Elena Pozos.
Innovación en tiempos de pandemia
Actualmente ofrecen churros con poca o mucha azúcar y hasta se venden la padecería, en bolsitas y la gente se va feliz, muy contenta con su producto.
La competencia
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