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Análisisjueves, 13 de noviembre de 2025

Bateador emergente / El miedo generacional del poder

La marcha que el gobierno intenta ridiculizar porque no puede controlar se realizará este próximo sábado, se espera una multitud que desde el Poder central ya fue descalificada.

Palacio Nacional está blindado, igual que con los gobiernos neoliberales que tanto fueron criticados por los que hoy despachan desde esas mismas oficinas.

Al principio creí que tenían razón, que la marcha del 15 era una ocurrencia más como un berrinche de jóvenes confundidos. Un intento de imitar causas que no les pertenecen.

“El gobierno sí le teme a la marcha Z, si no, para qué la guerra en redes y el despegue obsceno de aplaudidores con mensajes, algunos de ellos con fuerte carga de ira, casi un odio despiadado”.

Que las redes exageran. Que los inconformes solo repiten lo que escuchan, un guion tan repetido, que ya ni se revisa. Y entonces, como siempre, las etiquetas aparecieron de golpe:

#Vendidos, #Manipulados, #Fifis, #Vendepatrias #Desinformados, etc, etc.

Ahí entendí que la marcha no era el problema, el problema era que esos jóvenes no pedían permiso, no esperaban a que nadie les diera línea. Y eso sí da miedo al poder.

Porque cuando una generación deja de repetir, empieza a cuestionar, sobretodo a un aparato propagandístico que desee hacen siete años se activó. Columnas, voceros, videos y hasta influencers “solidarios” con la causa oficial.

Todos repitiendo la misma frase: “No caigan en el juego de la derecha”. Mientras tanto, los recursos corren, es evidente los millones de pesos disfrazados de campañas “informativas”.

Gente pagada para simular respaldo popular, un aplauso comprado vale más que una crítica libre, parece. Los jóvenes que se manifiestan no necesitan padrinos, no requieren permiso, cuando algo los harta, no hay dinero, dádivas o programas sociales que los manipulen.

Desde la UNAM, hace unos días, vi como un grupo de universitarios de la facultad de derecho increparon al Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y con sólidos argumentos, descalificaron su llegada al Poder Judicial.

Desde entonces las redes se convirtieron en un campo de batalla. Ya no hay debate, hay etiquetas. Ya no hay diálogo, hay bandos. Y detrás de esa división, alguien sonríe satisfecho.

Porque el país dividido es más fácil de controlar, mientras unos gritan “traidores”, otros defienden “la verdad del pueblo”. Y ambos creen tener la razón.

Lo cierto es que la generación que marcha no está peleando con fantasmas, lo hace peleando por recuperar la voz y salirse del guion para no ser parte del aplausómetro digital.

Cada etiqueta lanzada desde el poder solo confirma lo que temen:.Que el control narrativo se les está resbalando.

Que la historia que tanto repiten ya no emociona. Y que los jóvenes, esos a los que subestimaron, ya no quieren ser público,

quieren ser protagonistas. Quizá esa es la parte que más duele al poder: saber que no podrán moldear eternamente la conciencia colectiva y que  su discurso, alguna vez incendiario, hoy suena hueco y cansado.

Nos leemos la próxima semana...

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