Aquí Querétaro / Horner y Godoy
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónAcudieron a la apertura de la nueva temporada de muestras, mil treinta personas. ¡Mil treinta personas! Estoy convencido de que la función pública en materia de cultura funciona de acuerdo con la sensibilidad de sus responsables directos. Y es que el mundo de la promoción cultural es tan ingrata, tan perecedera, tan a contracorriente, que sólo con sensibilidad y oídos bien abiertos se llega a puerto. En la ciudad de Querétaro tenemos dos ejemplos, uno añejo y otro muy joven, de ello, como pudimos constatar, una vez más, este fin de semana que recién concluyó.
Con un cuarto de siglo al frente del Museo de la Ciudad, Gabriel Horner celebró, el 14 de febrero, un aniversario más de ese espacio cultural que ha convertido en un escaparate a la diversidad y a la creatividad. De espíritu abierto, quien es amplio conocedor de diversas artes (el cine, la plástica, la música…) ha dado cabida en el ex convento de Capuchinas tanto a autores de primerísimo nivel como a artistas emergentes, e incluso a otros que intentan serlo sin éxito; ha trocado un frío edificio que albergó las instalaciones de un partido político en una especie de tianguis cultural donde la apertura es evidente y donde la libertad es la premisa.
No ha sido, la de Horner, una tarea fácil. En el camino se ha topado varias veces con la incomprensión de una ciudad chapada a la antigua, incapaz de entender no sólo los frescos lenguajes del arte, sino tampoco los nuevos caminos de un mundo que se ha transformado a ritmo vertiginoso. Ha soportado el temporal sin inmutarse, pese a algunos escándalos históricos, en compañía de sus tres perras, que deambulan por los corredores y las salas del monástico edificio como uno más de los muchos asistentes que lo han convertido en un referente nacional del arte contemporáneo.
Como siempre, como es habitual, el espacio se atiborró de visitantes dispuestos a celebrar el aniversario veintinueve del Museo de la Ciudad, donde pudieron admirar siete diferentes exposiciones, un performance de Fauste Gracia, y un recuerdo para ese gran crítico de arte que fue Juan Carlos Émerich. Todo en formato multitudinario, todo con la sencillez y la ausencia de protocolos que ha impuesto, como una marca del museo, Horner.
A unas calles de ahí, en plena Plaza de Armas queretana, el pasado jueves 12 de febrero, la Galería Libertad realizó la inauguración de exposiciones pictóricas de Esmeralda Néresis y Jónatan Olvera, además de una muestra de fotografía y plástica que bajo el título “Lucha Efímera” rinde homenaje a la lucha libre. Ahí, a diferencia del Museo de la Ciudad, llevan el conteo de los asistentes. El jueves
Desde hace justo cuatro años está al frente de ese espacio cultural, ideado por don Fernando Gamboa, la artista plática Marja Godoy, quien lo ha transformado en un sitio vivo, de constante actividad y de apertura al diálogo artístico. Godoy no se conformó con ofrecer los muros de la galería a los pintores, sino que abrió las puertas a las presentaciones literarias, a las representaciones teatrales, a los conciertos, a los talleres de todo tipo, a los performances, a la obra diversa de artistas sólidos y de otros que apenas empiezan. Sólo por mencionar un ejemplo más de esa apertura, se puede mencionar que el fin de semana que estamos concluyendo se ofreció micro ópera en la Libertad.
Ver las multitudinarias asistencias al Museo de la Ciudad y a la Galería Libertad demuestran, para gozo de quienes creemos que el arte (hacerlo o disfrutarlo) es la mejor forma de sustentar un futuro mejor, que la esperanza se mantiene y la batalla, esa que dan todos los días promotores como Horner o Godoy, no está perdida.
Gabriel Horner coquetea desde hace tiempo con una bien ganada jubilación. Ésta no ha llegado aún, para fortuna de quienes han hecho del Museo de la Ciudad un reducto de libertad y cultura, y para quienes no veíamos un mínimamente digno sucesor. Hoy, al menos yo, puedo decir que atisbo uno en lontananza.