Aquí Querétaro / Los notarios
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónNo es que antes, necesariamente, fueran viejos, sabios, probos, estudiados, experimentados, inteligentes y capaces, pero al menos lo parecían. Para alcanzar la venia del poder y ocupar su posición, mínimamente tenían un camino recorrido plagado de experiencias. Hoy son 117, la inmensa mayoría asentados en la zona metropolitana de la capital, y lamento decir que gran parte de ellos carece de casi todas las cualidades que antes parecían estar obligados a tener.
Debido a las reformas legales de hace unos años, el número de notarios ha crecido tan notoriamente que se han triplicado en apenas una década. Por obligación legal, los adscritos pasaron de ser titulares, y luego, debieron tener su propia sede aparte. Eso, aunado a que las notarías se han convertido también en una prebenda política, social o familiar (acaso siempre lo fueron, pero escogían a los mayores respetables), hoy encontramos notarios hasta debajo de las piedras.
De acuerdo con el entendido de que debería existir un notario por cada veinticinco mil habitantes, resulta que en nuestra entidad nos andan sobrando algo más de veinte personas autorizadas para dar fe pública de compraventas, testamentos, sociedades, legitimaciones y demás alcances jurídicos, lo que ha permitido iniciar una curiosa competencia que se asemeja mucho a la venta de embutidos o de verduras, con ofertas especiales de miércoles de plaza en escrituras y trámites diversos.
Hoy, los queretanos pueden encontrarse tras el escritorio de una notaría (es un decir, porque habitualmente estarán las y los secretarios y asistentes correspondientes) a muchachos de escasísima o nula trayectoria, imberbes recién salidos del nido y de la facultad, que tuvieron, eso sí, el altísimo privilegio de nacer en cuna poderosa, o al menos cercana al poder. Son algo así como los mirreyes de las notarías, que han asegurado su futuro económico y social con tan sólo la firma de su Montblanc.
Hace algunos años, tratando de regularizar un pequeñísimo terreno a nombre de mi madre en mitad del verde asturiano, un funcionario del Ayuntamiento de aquellos lares me explicó, con un burdo mapa improvisado sobre papel, como llegar a la única notaría de Cangas de Onís. En el mapa aquel figuraban, como referencia, tres o cuatro bares. Mucho me temo que, de seguir así, alguien tendrá que dibujar un rústico mapa queretano para explicar, con la referencia de tres o cuatro notarías, como llegar a un Oxxo.