La Fiscalía General del Estado de Querétaro informó que el 20 de febrero realizaron los cateos por una investigación por los delitos de violación equiparada y abuso sexual en el hospital.
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Ir a un concierto siempre ha sido un acto donde miles de personas comparten, por unas horas, la misma emoción, la misma voz, la misma energía. Pero en los últimos años, una nueva presencia ha modificado esa experiencia. La mano con el celular elevado, la pantalla brillante, el deseo, o la urgencia, de grabar cada momento. Lo que para algunos es una forma de guardar recuerdos, para otros es motivo de molestia, distracción o incluso ansiedad. Así, la discusión sobre si usar o no el celular en conciertos se ha convertido en uno de los debates más recientes
Para muchos, grabar un fragmento del espectáculo es parte natural. Quieren recordar el grito, la canción, la coreografía, ese verso que marcó su adolescencia o la emoción de ver por primera vez a su artista favorito. Sin embargo, el otro lado de la conversación es igual de real. Cuando cientos de personas levantan sus celulares, la experiencia visual se dificulta. Lo que debía verse directamente termina viéndose a través de decenas de pantallas ajenas. Para muchos, esto arruina parte del encanto, la presencia, la inmersión, la sensación de estar completamente ahí, sin intermediarios.
También está la incomodidad creciente de sentirse grabado sin permiso. Hay quienes se cohíben, sienten vergüenza o temen convertirse en “contenido” viral sin quererlo. En un espacio que debería ser liberador, la cámara puede convertirse en una especie de vigilancia.
Este fenómeno no ha pasado desapercibido para los propios artistas. Maynard James Keenan, vocalista de Tool, ha sido especialmente crítico. “Es molesto y distrae”, dijo en una entrevista. Adele, con su sinceridad característica, pidió que “guardaran los celulares por un segundo y disfrutaran”. Beyoncé también lo ha dicho: “Estoy aquí, en la vida real”. Bob Dylan, Alicia Keys, Bruno Mars, Mitski y Jack White han implementado políticas estrictas para reducir o eliminar el uso de celulares. Algunas giras incluso utilizan las Yondr Pouches, bolsas con candado donde el público coloca su teléfono antes de entrar, manteniéndolo consigo, pero inaccesible hasta salir del área del espectáculo.
Y aunque estas medidas buscan recuperar la atención plena, también generan discusión. ¿Es justo prohibirle a alguien grabar su experiencia? Quizá no existe una respuesta definitiva. Quizá no tiene sentido convertirlo en una batalla. Porque al final, más allá de las prohibiciones o modas, cada uno decide cómo vivir ese momento, si con el celular en alto para capturar un recuerdo, o con las manos libres y los ojos puestos en el escenario. El reto, y quizá la reflexión que toca hacer, es encontrar ese punto donde podamos disfrutar, registrar, respetar y dejar que el concierto sea lo que siempre fue, un lugar en comunidad para sentir, conectar y olvidarnos, por un rato, de todo lo demás.