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Análisismiércoles, 8 de abril de 2026

La religiosidad popular en México

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Sin embargo, esta misma fortaleza encierra una paradoja. La fe que sostiene también puede amortiguar. Al ofrecer consuelo y sentido, reduce —al menos en algunos casos— la presión colectiva por transformar las condiciones estructurales que generan desigualdad. La resignación puede confundirse con virtud; la esperanza, con espera indefinida.

No se trata de desestimar la religiosidad popular, cuya riqueza simbólica y capacidad de organización son innegables. Tampoco de contraponer fe y política como esferas incompatibles. El problema surge cuando la primera sustituye a la segunda, cuando la comunidad compensa lo que debería ser garantizado como derecho.

Esta tensión no es nueva, pero sigue vigente. Mientras el discurso público insiste en programas y reformas, en muchos territorios la vida cotidiana se sostiene más en promesas, rituales y redes informales que en políticas efectivas. La pregunta incómoda es si esta capacidad de resistencia social ha terminado por normalizar la ausencia del Estado.

gnietoa@hotmail.com

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