Unir los puntos
La detención del contralmirante Fernando Farías es un evento más de la guerra interna de Morena.
En política no hay casualidades.
Cuando hay una cada vez menos soterrada —y cada vez más enconada— guerra de facciones, la presidenta mueve su reina.
El huachicol fiscal no sólo es el peor saqueo de la historia: es una trama criminal, de corrupción, de financiamiento ilícito de campañas. Un muladar.
Uno que estima un desfalco de 600 mil millones de pesos. Esto es un 60% de todo lo que repartirá el gobierno este año en programas sociales.
Uno cuyos tentáculos llegan a los hijos de Andrés Manuel López Obrador y a sus operadores más cercanos: el almirante Rafael Ojeda, Mario Delgado, Octavio Romero, Audomaro Martínez, Ricardo Peralta y Horacio Duarte. Todos funcionarios de primer nivel con López Obrador.
La red, densa y pestilente, toca por lo menos a dos gobernadores morenistas.
Apenas hace unos días, El Universal publicó la apertura de seis empresas del cuñado de López Obrador, Rodrigo Ramírez Müller, que manejaban movimiento de dinero del bienestar y… gasolina.
Pero en una guerra nunca hay fuego sólo de un lado.
Pero, si bien estos temas desgastan, la detención de Farías da a las membranas que protegen al corazón del movimiento.
La cantidad de información, la documentación de infinidad de delitos y la pinza trituradora que se cierra desde Estados Unidos barruntan un verano funesto para Morena.
Disfruten el mundial de fútbol.
El verdadero espectáculo empezará cuando termine la justa deportiva... y llegue la fatídica noche de los cuchillos largos.















