diariodexalapa
Gossiplunes, 31 de octubre de 2016

La Buena Vida/ Ofrendas

Quien muere comienza a vivir de nuevo

Rosa María Campos

Nuestros “tatas y nanitas” prehispánicos no consideraban a la muerte como tal, para ellos quien moría pasaba a otra dimensión de vida, se transformaban en agua, aire, tierra y fuego. Quién moría comenzaba a vivir de nuevo.

LA OFRENDA

El altar siempre se presenta sobre una mesa cubierta con un mantel blanco, sobre el cual se yergue un portal, adornado con flores, que nos recuerda la entrada de los difuntos al mundo de los muertos.

Se adorna el altar con papel picado color morado, por el luto cristiano y color naranja por el luto azteca. El papel picado en diseños geométricos negros continúa con la tradición prehispánica: el Tlilan, lugar de la negrura y el Mictlán, el sitio de los muertos.

Las tres calaveras pequeñas que suelen aparecer en la ofrenda son para la Santísima Trinidad. La grande es para el Padre Eterno.

El agua del altar tiene que ser fresca y muy limpia para que los difuntos se mojen los labios resecos por el largo viaje realizado desde el más allá.

El licor para que recuerden los ratos felices en su vida terrenal. El incienso o el copal tienen la función de limpiar con su aroma el lugar y atajar los problemas.

De la comida, los difuntos se llevan su olor y se deleitan con los sabores.

En algunas ofrendas se encuentra un machete o una vara de rosal para ahuyentar a los malos espíritus que traten de impedir que los finados se acerquen a disfrutar de sus obsequios.

PARA FINALIZAR:

¿Es verdad que se vive en la tierra?

No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra

Aunque sea oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra,

Taca.campos@gmail.com

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