Le agradezco a Jaime la aceptación de la entrevista pues estoy enterado de su resistencia a la vida pública y menos a conceder entrevistas. Va un abrazo cálido para el hombre.
Ricardo Cuéllar Valencia: ¿Cómo transcurrió en la adolescencia y la juventud su relación con la poesía?
Las nuevas ANP abarcan bosques, humedales y zonas ecológicas clave para la conservación de la biodiversidad y el cuidado del agua en distintas regiones del estado
Del Día Internacional del Beso al Día Mundial de Los Simpson, la semana del 13 al 19 de abril reúne fechas destacadas en distintos ámbitos sociales y culturales
Elaborado a partir del clásico chimbo y el marquesote, este helado artesanal se posiciona como una deliciosa opción para disfrutar el sabor tradicional de Chiapas
Hace varios años en una visita a Medellín me enteré que el poeta Jaime Jaramillo Escobar dirigía un Taller de Poesía en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. Iba yo con interés de buscar que guardaba aquella memorable biblioteca de autores colombianos sobre Miguel de Cervantes, gracias a que escribía un trabajo sobre la poesía del poeta, en prosa y verso, fundador de nuestra modernidad literaria. Algo encontré.
Un conocido al verme entrar me dijo, aquí está Jaime Jaramillo Escobar con su Taller, si deseas te lo presento. Encantado acepté. En un descanso nos presentaron. Con suma amabilidad me invitó a leer algunos poemas míos, participar y escuchar a los asistentes. Fue un momento muy grato por su presentación, comentarios y el diálogo con los muchachos. Al terminar la sesión le comenté que me gustaría entrevistarlo. Aceptó. Me dio la dirección de su departamento y el día y la hora de la visita.
Llegué a un lugar de una limpieza impecable. El orden de la biblioteca y de los espacios dejaba la imagen de una pulcritud suprema. Es un confeso e irremediable solitario. Nos sentamos en la mesa del comedor. Me invitó a tomar un trago o un café. Preferí el café, pues, Jaime es un abstemio de tiempo completo, lo sabía. Hablamos de México y de Colombia un rato. Me encontré con un hombre sencillo, fino, de trato cordial, de ideas claras y precisas.
La entrevista la mantuve guardada por años, debido a que en un cambio de casa, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, los casetes se me refundieron. De nuevo en otro cambio de casa, ahora en Puebla, ordenando todo de nuevo, por fin apareció la grabación que tanto deseaba tener entre manos. La trascribió una amiga.
Para los lectores de poesía en Colombia Jaime Jaramillo Escobar es un poeta primordial, único en el tratamiento del verso. Uno se encuentra con una poesía despojada de la retórica tradicional, con el manejo muy diferente de los temas esenciales, es descriptivo sin frialdad, recurre con solvencia poética al sentido del humor y la ironía, elementos decisivos como lo demandara el poeta y pensador romántico alemán Scheghel, para la poesía moderna. Los temas que aborda los centra en asuntos esenciales de la poesía y la vida, con la diferencia de no teorizar sino de llevar los asuntos cardinales a la poesía misma como lo enseñara el maestro Miguel de Cervantes.
En cierto sentido su filiación con los poetas colombianos estaría cercana con León de Greiff, en tanto se proponen desacralizar, poner en cuestión maneras de ser, de vivir, desde un entrañable amor por la tierra que los habita. Obvio que Jaramillo Escobar se aleja de los tratamientos formales del otro paisa y crea su propio diagrama metafórico. En Jaramillo Escobar se percibe un rico y nutriente sentido de la vida, recrea los frutos de la naturaleza con una gracia vital singular, propia de los amantes del placer de vivir, dejando atrás el nada fértil costumbrismo, pues sus búsquedas se hayan en lo que propicia un saber y sabor muy colombiano, tan sustantivo que logra una universalidad única que le otorga identidad poética. Otros asuntos –el amor, el erotismo, la política, por ejemplo- podría comentar, lo deseo, pero esta nota solo pretende la presentación de una entrevista.
Jaime Jaramillo Escobar: Mi padre fue maestro toda su vida hasta que se pensionó, como decimos en Colombia. Tenía una pequeña biblioteca y allí me encontré por primera vez con la poesía a pesar de él, creo yo; en la escuela pública tenían también una biblioteca bastante buena para el establecimiento, según recuerdo; allí me encontré con la poesía. La poesía siempre es de alguien. La poesía no es la poesía en abstracto. Me encontré con la poesía de León de Greiff, de Ciro Mendía, de Pablo Neruda, de muchos autores que fueron mis maestros, todos estaban en aquella biblioteca escolar. Ahora que por primera vez tengo la oportunidad de decirlo, esas bibliotecas fueron organizadas en las escuelas públicas de todo el país, aún las más alejadas, en la época del presidente Doctor Eduardo Santos –por su ministro de educación, el profesor Luis López de Meza, gran escritor- tuve la fortuna de frecuentarla en mi pueblo; allí todo el tiempo lo dedicaba a la meditación, a la devoción por la belleza, a la contemplación del universo, para la lectura de los libros que hubiese; no teníamos televisión, ni radio, ni futbol. Los niños se criaban en contacto con la naturaleza, con los animales. La naturaleza es siempre la principal maestra de la vida. No implica esto ninguna crítica a los niños que ahora se crían con motos en lugar de caballos. No, simplemente cuento como fue que me inicié. Recuerdo que mi madre tenía un cofre con poemas que había guardado en su época de estudiante. En ellos encontré lo que después supe que era poesía, no la dulce poesía, ni la amarga poseía sino la poesía.
C. V.: Después de las lecturas encontradas en casa, ¿En qué momento y a partir de qué necesidades empezó a escribir?
J. E.: Eso fue en el pueblo de Andes, en el colegio de bachillerato, había, también una pequeña biblioteca… hay una particularidad que se me ocurre anotar en este momento. La biblioteca de la Escuela Pública, era una biblioteca rural, el pueblo en ese entonces era casi una aldea. Esa biblioteca estaba abierta para todos los niños, aunque pocos entrábamos en ella. En cambio, la biblioteca del colegio Juan de Dios Uribe, en Andes, siempre estaba cerrada; allí los estudiantes no tenían acceso, excepto que fuera amigo del encargado de la llave de la biblioteca; en mi caso resultó ser el indio Luis Aníbal Tascón, a quien ya asesinaron, como han asesinado a tantos colombianos en los últimos años, y él me prestaba la llave a condición de que el cura, el prefecto de disciplina de turno, no me fuera a ver leyendo un libro porque seguramente me iba a regañar, puesto que era un libro leído sin permiso de él. Cuando finalmente me pillaron leyendo las obras completas de Freud, le prohibieron al bibliotecario que me dejara entrar para leer aquellos libros. De todos modos, como sucede con todas las prohibiciones, nos ingeniamos para que yo pudiera leer en algún momento todo lo posible. Así fue como encontré los clásicos de la poesía, que entonces eran modernos; y por ese medio pude ampliar un poco el conocimiento de la poesía en esa época juvenil.
Comparado con la observación que he podido hacer en los últimos once años, en el Taller de Poesía de la Biblioteca Piloto de Medellín, los estudiantes de aquel tiempo estaban más despiertos. Ahora, tú encuentras lugares como un taller de “poetas” de treinta años, que no conocen nada de la poesía. Nosotros teníamos catorce años y los que estábamos en aquél colegio conocíamos muy bien la poesía colombiana y la poesía del continente y nadie nos había llevado a ese conocimiento sino nosotros mismos. ¿Quiénes éramos nosotros?: Gonzalo Arango, compañero del nadaísmo, otros compañeros que posteriormente resultaron escritores o profesionales destacados en sus respectivas especialidades en Colombia. Teníamos allí un Centro Literario formado por iniciativa de los propios estudiantes, en un grupo que visto desde hoy me parece numeroso, porque éramos unos 15 o 20 de los últimos años del colegio. Yo era uno de los más atrasados, estaba iniciando. En el taller, en ese momento, se conocía como centro literario, hacíamos algo como lo que hoy en día hacen en los talleres, pero mucho mejor, porque era por nuestra propia iniciativa, lo manejábamos nosotros mismos, y con la espontaneidad y el interés que se le puede poner a esas cosas en un pueblo; son más auténticos, más profundos, más serios, más bellos de lo que ocurre hoy en las ciudades en donde tú puedes ir a festivales de poesía o a talleres, pero no en si por la poesía, sino por los poetas.