40 horas sí, pero sin engaños
La reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales no es una concesión política, es una exigencia social. Millones de trabajadores han pedido durante años un equilibrio real entre su empleo y su vida personal. Por eso en Acción Nacional votamos a favor.
Sin embargo, también es nuestra responsabilidad señalar lo que quedó pendiente.
El dictamen aprobado mantiene el esquema de un día de descanso por cada seis trabajados. Es decir, no garantiza dos días de descanso continuo. Reducir horas no necesariamente significa recuperar tiempo si la organización semanal no cambia de fondo.
Además, se amplía el margen de horas extraordinarias. No se puede plantear una disminución de jornada y, al mismo tiempo, abrir la puerta a esquemas que puedan alargarla en la práctica. Las reformas deben ser claras y aplicables, no ambiguas.
Otro reto importante es la realidad económica. Más de la mitad de quienes trabajan en México lo hacen en la informalidad. Si no se fortalece la inspección y no se apoya a quienes generan empleo formal, el cambio puede quedarse solo en el papel.
Porque cuando una reforma está bien diseñada, se sostiene en el tiempo. Y eso es lo que México necesita.














