Cuando los hijos “zopilotean”
Por: Guillermo Monroy
Una de las peores pesadillas de los padres emprendedores es ver a sus hijos esperando su muerte para poder tomar posesión de lo que consideran legítimamente suyo: el poder y el dinero.
Es un dolor mezcla de desencanto, miedo y hasta arrepentimiento que se cristaliza en la pregunta: “¿Cómo llegamos a esto?”; la respuesta es mucho más compleja de la consabida “faltaron valores” o “cada cabeza es un mundo”, aunque sí hay un eje común: se minimizó el principio de armonía familiar.
Cuando escala el conflicto en el negocio familiar, sobrevienen las rupturas y dinámicas poco sanas, como el padre con un liderazgo monolítico, donde su palabra es la única que se escucha, minimizando a la familia, que para poder hacerse presente en el negocio es esperar la muerte del fundador, lo que comúnmente se llama “los hijos zopilotean”.
Los hijos tratan de cumplir con la meritocracia impuesta impulsados por la expectativa de ser los elegidos como herederos al frente del negocio, mientras que el fundador no siente prisa por avanzar en el proceso.
El problema de este conflicto es que crece de manera destructiva porque la familia empresaria compite con el propio negocio, sin entender que las dos entidades son igual de importantes, pues no puede existir una sin la otra.
Para no llegar a ese punto es fundamental entender tres elementos: las consecuencias de las promesas; la importancia de los límites y alcances de los roles familiares en los negocios donde conviven y los procesos de sucesión exitosos son la suma de planeación, asesoría más compromiso tanto en tiempo como en hechos.
Una sucesión exitosa va más allá de la transición entre la generación fundadora hacia la siguiente: es generar los cimientos de un legado para trascender a la propia familia en beneficio de la comunidad a la que servimos.
Guillermo Monroy
Autor del libro “Cómo hacer que su herencia trascienda”
gmonroy@horizontemx.com















