Todo para nadie
“Prefiero que se pierda todo a dar un centavo”.
Esta frase es de lo más común para un abogado. Casi siempre es de una persona que se siente injustamente tratada y prefiere destruir todo para que no llegue a otras manos: casas, terrenos, empresas familiares, obras de arte: todo con tal de “tener la razón”.
Es probable que hayan leído o les hayan compartido sobre un caso ocurrido en Perú: una mujer quien fincó su casa en el terreno regalado por su (ahora) ex suegro optó por destruirla para no dejársela y así poder devolver el terreno como lo recibió: sin nada.
Es un caso de libro de texto sobre cómo asegurar la destrucción mutua, el clásico “si no es mío, no es de nadie” porque ese terreno, en realidad, es un regalo envenenado:
Una visión de largo plazo del patrimonio nos permite explorar soluciones para que las siguientes generaciones lo puedan acrecentar; de otra manera, muere con nosotros; se vuelve un objeto de conflicto, un “regalo envenenado” que es mejor desechar.
Guillermo Monroy es experto en herencias, legados y fideicomisos
Autor del libro “Cómo hacer que su herencia trascienda”
gmonroy@horizontemx.com
















