Después de conocer y recorrer varias ciudades de Japón, subimos a un barco de los llamados “cruceros”. Se suponía que navegaríamos y visitaríamos varias ciudades en ese país, pero el clima no permitió las primeras visitas y tuvimos que permanecer unos días arriba del barco. Algunos días aprovechamos para ir al gimnasio y hacer un poco de ejercicio. Mi esposa salía a los pasillos externos del barco y daba la vuelta a lo largo del barco, yo entraba en una caminadora con una vista esplendorosa del mar que permitía dejar volar la imaginación y los pensamientos con solo ver la quietud del horizonte del mar y las olas que se formaban al paso del barco.
En las mañanas, algunas veces nos coordinábamos para ir al comedor a desayunar, la mayor parte de los viajeros eran de origen asiático, con costumbres y comportamientos diferentes en cuanto a la cordialidad, respeto y amabilidad, con el platillo en mano buscábamos un lugar para sentarnos, a veces juntos, otras veces separados, la capacidad de los comedores no daba para todos. Las filas en los diferentes tipos de comida, dependiendo del gusto, entorpecían el disfrutar el desayuno. Cuando lográbamos estar juntos con los amigos de Torreón y de Chihuahua, las pláticas se alargaban de sobremesa hablando de los hijos, de los negocios, de las regiones, en fin, siempre había plática para disfrutar entre amigos compañeros de viaje.
Hacíamos recorridos a lo largo de las diferentes áreas y actividades que brindaba el crucero. Algunas veces nos sentábamos a ver el mar y platicar en el ventanal de la popa amenizados por algún grupo musical con melodías de “nuestros tiempos”, éxitos de grupos internacionales o música latina. Esos momentos se convertían en descansos, recuerdos y anécdotas. A medio día buscábamos algún lugar para un aperitivo y bebida que terminaban en alguna hamburguesa o hot dog como papas a la francesa. Hacíamos planes para comer en algunos de los restaurantes de comida de alguna región del mundo, y nuevamente, lo mejor, era la convivencia y platica entre las parejas que vivíamos momentos de descanso e intercambiábamos experiencias de familia, económicas o algunas veces de política. Aprovechábamos los programas de entretenimiento que brindaba en crucero en su teatro, música, baile o magia.
A pesar de que, tuvimos que permanecer esos días dentro del barco, por clima, disfrutamos las charlas de los amigos, los detalles chuscos y anécdotas que ocurrían cada día. Impresionante ver a diferentes culturas convivir varios días, diferentes formas de pensar, diferentes actitudes frente a situaciones, El subir a los elevadores con personas de otros países, bueno, teníamos una pareja que siempre prefirió usar las escaleras. El recorrer los pasillos de los camarotes día a día, el levantarse por las mañanas y ver el mar, el disfrutar la compañía, el aprovechar para conocer personas, el recibir las atenciones de la tripulación, que en la mayoría eran serviciales, gentiles y amables, el convivir con los amigos, el aprovechar momentos con la pareja, el conocer nuevos lugares y muchas otras cosas, son las que hacen de estos viajes momentos inolvidables. El clima se compuso y seguimos nuestro recorrido por Japón, donde visitaremos otras ciudades, sus palacios, sus jardines, sus mercados, pero sobre toda su cultura.