El altruismo genuino
Los sábados a media tarde, en sus casas preparan alimentos muy sencillos, por supuesto con la ayuda del presupuesto de sus padres, y luego se reúnen en puntos específicos como hospitales, para entregar, con todos los cuidados posibles, burritos, sándwiches, café, aguas frescas y algún dulce.
Por si fuera poco, en el tercer fin de semana planearon irse a un albergue para niñas y niños en situación de orfandad e hicieron lo mismo, pero ahora, con la novedad de que reunieron entre sus amigos y conocidos equipo de cómputo y lo habilitaron para que sus benefactores pudieran recibir clases en línea. Fueron, la primera vez, dos computadoras.
¿Por qué me llamó la atención esta historia? Se lo digo: porque no buscan reflectores ni aplausos, mucho menos reconocimientos. Es satisfacción personal y, “con una sonrisa que nos den es suficiente”, dicen.
¿Y sabe qué más?: Son jóvenes, hombres y mujeres, de una condición económica humilde, lo que hace más digna su actividad. Usted los encontrará alguna vez donde se les necesite, los va a observar sin que escuche ruido. Yo sólo escribo cosas comunes.














