Prisioneros de la esperanza: el poder de la oración
He sido, soy y seré, siempre, respetuoso de la diversidad de creencias. Incluso con aquellas que no coinciden con ninguna doctrina religiosa y, por consecuencia, rechazan la existencia de un Ser superior.
Pero así como el hombre se acercó a un dios, también se aleja permanentemente de él; cuando lo necesita, vuelve; cuando ha solucionado sus problemas, lo abandona y así sucesivamente.
Cuando el hombre ya no pudo con sus problemas, entonces acudió a Dios -y así lo sigue haciendo-, porque prefirió ser un prisionero de la esperanza que sentarse a que llegaran las soluciones sin ayuda de nada o de nadie. ¿Y por qué me refiero a este tema hoy?
Vi la forma más dolorosa de perder a un ser amado y vi, sin equivocarme, cómo el hombre moderno quiso reencontrarse con su dios, para volver a ser un prisionero de la esperanza, como debe ser. Estas son sólo cosas comunes.
















