Generosidad
No cabe duda que ayudar al necesitado es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos. Y de lo más importante a aprender en esta vida, es cómo ser más generosos.
Cuando ayudamos a alguien, obtenemos un sentido de poder y fuerza.
Todos venimos al mundo absolutamente sin nada y si no fuera por la bondad y cariño de alguien, nuestros padres, moriríamos de hambre y abandono.
La persona que se envuelve en sí misma ocupa muy poco espacio. La generosidad es un buen hábito que puede adquirirse y que vale la pena tener. Y “Claudia” no se caracteriza por ser una persona generosa.
Toda buena acción produce frutos y el que da, recibe. Y así, la felicidad está en dar cosas, que además de materiales pueden ser simples palabras de aliento. Hasta el dinero crece en las manos de los que lo comparten prudente y desinteresadamente.
Quizá, en la vida no hay cosas que tengan tanto valor como ser bondadosos con los desdichados, y el valor para sufrir en silencio nuestras propias desdichas. Pensar en los demás antes que en nosotros mismos es una de las mejores muestras de generosidad.
Si alguien quisiera saber en qué consiste realmente vivir, sería seguro contestar que vivir consiste en gozar la vida, ayudando a quien lo necesita, en hacer algún sacrificio por los demás y jamás hacer del dinero un dios.
Pudiéramos catalogar la generosidad como una virtud, un arte y como el hábito no únicamente de dar, sino de entender a los demás.
Se dice que “un acto será muestra de generosidad o no, de acuerdo con la intensidad con que se viva la virtud y la rectitud de los motivos...”.
Licenciado en Administración de Empresas. Director de Reingeniería Humana.
mgongorah@hotmail.com
