El placer de hacer el bien
El verdadero placer del hombre se obtiene cuando adquiere la conciencia de lo que es bueno y reconoce la responsabilidad que tiene para consigo mismo y para con los demás.
Hacer el bien en todas sus formas sin el estímulo de premios o de castigos terrenales o sobrenaturales es realmente un placer.
Si trabajamos normalmente con gusto, dedicación y tenacidad, sin permitir distracciones; si nos aferramos a nuestros ideales sin atenernos ni temerle a nadie y siempre hablemos con la verdad, podemos hacer el bien con gran satisfacción.
Ningún hombre bueno dedicado a hacer el bien recomienda los vicios, ni el robo, ni el no trabajar, ni el irrespeto a los demás.
Licenciado en Administración de Empresas. Director de Reingeniería Humana.
mgongorah@hotmail.com

















