Nuestro país soporta una herencia pesada, producto de desatinos gubernamentales, soberbia y mentira institucionalizada; esta herencia la dejó aquel personaje que hoy se encuentra en el rancho que lleva por nombre La Chingada. Sí, una losa pesada, la cual hace que el ejercicio del Gobierno no sea lo que ellos dicen… “ el segundo piso”, ya que en realidad nunca existió un primer piso, ni siquiera un cimiento que soporte la endeble mal llamada cuarta transformación.
La herencia económica que dejó el gobierno de Morena y el oriundo de Macuspana; las finanzas públicas se encuentra sumamente debilitadas, producto del grave endeudamiento público que se ha generado desde que asumieron el Gobierno de la República, de Iturbide a Peña Nieto la deuda pública llegó a las 10 billones de pesos y, solamente, de Andrés Manuel a Claudia el crecimiento de la deuda pública creció hasta 20.4 billones de pesos en este 2026; el crecimiento económico es deficiente, raquítico que no llega ni al 1% del PIB; el gasto público productivo está contraído, hay una rigidez en el gasto que mejora los servicios públicos a la población; la obra pública que genera competitividad no se da, lo cual frena nuestros niveles de economía; el campo no tiene apoyos, la pequeña y mediana empresa tiene incertidumbre.
La herencia política se sustenta en consolidar el poder centralizado, en la desaparición de los contrapesos institucionales autónomos, la corrupción se encuentra generalizada, existe una dualidad de mando en el poder entre el expresidente y la presidenta; la presencia del crimen organizado como parte de la ecuación de decisiones políticas en diversas regiones del país y la reforma electoral que tiene como propósito controlar la elección es un factor importante heredado; pero también existe una herencia en seguridad donde destacan los altos niveles de criminalidad, la violencia en sus diversas modalidades se expande, los abrazos no balazos no funcionaron, los vínculos cercanos con el crimen organizado, le huachicol en sus dos modalidades que son la ordeña de ductos y la evasión fiscal, la nula confianza de los Estados Unidos y el tráfico permanente de fentanilo; y, por si fuera poco, tenemos la herencia social, la cual tiene su base en la crisis del sector salud, falta equipamiento, médicos, medicamentos, infraestructura y, por otra parte, la reforma educativa, donde existe un modelo educativo ideologizado.
Hoy, el Gobierno de la República tiene que sostener estas herencias, no puede empezar nada porque la losa es pesada, loe errores estratégicos son graves, la visión de presente y futuro es nula; tenemos un gobierno con muchas facultades, derivado de la serie de reformas que hicieron para eliminar los contrapesos y asumir esas funciones; sin embargo, es un gobierno debilitado, lo cual genera ineficiencia. No se asuste, estimado lector, como diría Pancho Villa… ya pasó lo más difícil, ahora viene lo más cabrón…. Y eso está de la chingada.