Análisismartes, 28 de octubre de 2025
La tormenta perfecta en el campo
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El campo está en llamas y a nadie parece importarle. Ese sector que tantos utilizan como bandera política, pero que pocos conocen realmente, vive hoy una de sus peores crisis. Día a día, los productores del país sobreviven para llevar alimento a las mesas de todos, enfrentando no solo la sequía o los malos precios, sino también la inseguridad y políticas públicas incapaces de entender las necesidades vitales del sector.Desde octubre, se han iniciado diversos paros agropecuarios en todo el país, y Chihuahua no ha sido la excepción. En redes sociales circulan videos donde miles de productoras y productores se ven forzados a dejar sus tierras y sus largas jornadas laborales para defender lo suyo: el trabajo, la tierra, el campo. En esos rostros curtidos por el sol se reflejan décadas de esfuerzo y dignidad; rostros que solo piden algo tan básico como respeto a sus derechos y la posibilidad de trabajar en paz.En los últimos años, los costos de producción agrícola se han incrementado más del 46%, mientras que los precios internacionales de los granos han caído más del 40% desde 2022. La rentabilidad ha pasado de un 50% a apenas un 12%. Muchos agricultores lo resumen así: “Estamos viviendo la tormenta perfecta del campo”. Aumento de costos, caída de precios y ausencia de políticas públicas efectivas y realistas.A esta difícil situación se suma un nuevo motivo de preocupación: las recientes iniciativas en materia de aguas nacionales. En un momento político particularmente inoportuno, se pretende satanizar aún más a un sector ya muy lastimado. Las propuestas de reforma a la Ley de Aguas Nacionales —especialmente aquellas que prohíben las transmisiones de derechos entre particulares— representan un golpe severo al dinamismo productivo y a los derechos adquiridos.Porque la tierra no vale sin agua. Sin ella no se puede sembrar, ni planificar, ni producir. Si el Estado asume el control absoluto y centralizado del vital líquido, se corre el riesgo de abrir la puerta a la corrupción y al control político del campo.No es momento de avanzar con esas reformas, menos aún cuando la CONAGUA ha visto reducido su presupuesto y cuando instituciones como la SADER han retirado apoyos y beneficios esenciales. El agua, aunque es un bien de la nación, debe seguir siendo para uso y disfrute de los ciudadanos, no un medio de control estatal sobre el derecho al trabajo y a la tierra.Hoy cultivos como el maíz, el frijol, el aguacate o el algodón están en riesgo. Lo que está en juego no es solo la economía del campo, sino la soberanía alimentaria del país.El campo está hablando, y es momento de que México lo escuche.