Los retos del nuevo Canciller
Y aquí no hay maniobra para la diplomacia clásica como la conocíamos. Como lo advirtió Mark Carney en su discurso en Davos, vivimos la ruptura del orden mundial.
“Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias”.
Y quien no entienda eso, simplemente queda fuera del juego.
Porque la relación bilateral no es solo comercial. Es energética, es de seguridad, es migratoria, es industrial. Y cada decisión de Washington, queramos o no, impacta directamente en México.
Pero bajo ese escenario, ¿la designación de Roberto Velasco le permite a México tener margen de maniobra y negociación? ¿O solo margen de reacción?
Y en un entorno donde el poder también se mide en credibilidad, eso pesa.
Porque en este nuevo escenario global —donde, como también señaló Carney, los fuertes actúan y los demás absorben las consecuencias— las potencias medias como México solo tienen una herramienta real: claridad estratégica.
Velasco llega con experiencia, con conocimiento y con continuidad. Pero también llega a un tablero donde cada movimiento cuenta, donde cada error cuesta y donde cada omisión se interpreta.
Porque la política exterior no es solo narrativa. Es cálculo. Es poder. Es supervivencia. Y bajo ese contexto llega Roberto Velasco.
La apuesta está hecha. Habrá que ver si México juega… o solo responde.
@alexbatista0














