El diablo en la muñeca
Un juguete puede ser para un niño casi como una extensión de si mismo, es por ello que los demonios aprovechan este vínculo para causar daño a los más pequeños
Samuel Sinaloa / El Heraldo de Chihuahua
Adriana salió corriendo despavorida esa mañana de su cuarto luego de pegar un horrible grito que media colonia Dale pudo escuchar.
Su madre observó lo ocurrido y sin comprender qué pasaba, se dirigió a la sala, donde Adriana se había tirado en el sofá para llorar como una niña de seis años. Preocupada, la extrañada mujer se acomodó junto a su hija y le preguntó que había ocurrido.
Pero Adriana parecía no escuchar sus palabras y continuaba llorando como una magdalena; tras preguntar un par de veces, finalmente la adolescente pudo recobrar un poco del aliento y mirando a su madre procedió a explicar el motivo de su llanto:
Veloz, como solo un niño puede, desenvolvió el paquete y con una enorme sonrisa agradeció a su madre cuando sus enormes y brillantes ojos se encontraron por primera vez con los de aquella muñeca.
Por casi un año entero, Adriana no tuvo intención de dejar de jugar con su muñeca; iban juntas a la escuela, a la tienda, de paseo por el parque o a cualquier lugar a donde la niña iba, su muñeca le acompañaba.
Pero el inmenso cariño que la pequeña sentía por su muñeca, poco a poco se convirtió en un profundo terror.
Cierta noche, Adriana despertó en la madrugada para ir al baño y beber agua, así que antes de ponerse de pie, acomodó a su muñeca cuidadosamente para no “despertarla” y luego de calzar sus sandalias se dirigió al baño.
Luego de salir del baño y recorrer el largo pasillo en tinieblas para ir a la cocina le pareció escuchar unos pequeños detrás de ella; curiosa, se acercó al lugar donde le había parecido oír el ruido, sin embargo no encontró nada fuera de lo normal.
Al volver a la cama, su miedo comenzó a tomar forma, cuando al acomodarse de nuevo para dormir, sintió que la muñeca que ella había dejado perfectamente acomodada con la cabeza en la almohada ahora estaba a sus pies.
Luego de tranquilizar a su hija, los padres volvieron a la cama, esta vez con Adriana en medio de los dos.
Una noche antes de su cumpleaños, Adriana comenzó a escuchar ruidos debajo de su cama, y creyendo que se trataba de algún insecto o un ratón, encendió la luz de su celular para observar debajo, no sin cierto temor.
Barrió unos segundos con la luz debajo de su lecho, sin embargo, no pudo ver algo fuera de lo normal, por lo que se convenció a si misma de que aquél bicho se había ido ya y una vez más, se acurrucó para comenzar a dormir.
Al sujetarlo con fuerza y tirar para liberar de entre los resortes lo que estaba atorado, descubrió con horror que estaba sujetando del brazo a esa infame muñeca y cuyo rostro, deforme por el tiempo y el olvido, le miraba con un indescriptible gesto de odio.
Al escuchar lo narrado por su hija, la madre de Adriana entró a la habitación y encontró no solo el cuaderno en el que había estado dibujando su hija, sino también a la horrible muñeca tirada boca arriba junto a la cama.
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Con información de Adrián Berrios





























