Artilugios / Jacobo Rauskin, i.m.
Don Jacobo Rauskin se ganó fama de aprensivo en sus visitas a Tabasco cuando hacíamos el Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer. Pedía, al salir de su poderosa Asunción del Paraguay, comida para diabéticos, cosa que la aerolínea anotaba correctamente.
Jacobo A. Rauskin nace en 1941. Falleció en Asunción del Paraguay el 6 de mayo de 2024. Es uno de los poetas paraguayos más representativos de la actualidad.
Dejo algunos poemas de su obra vasta deseando que nunca, nunca olvidemos su nombre.
Agradezco al poeta Roberto Arizmendi la información. Descanse en paz don Jacobo Rauskin.
ESPANTADIABLOS
Mirar al cielo como náufragos
y celebrar entonces nuestro encuentro
en una red que dejan caer las estrellas.
(La red, hecha de magia y noche,
puede salvarnos.)
Creo en una constelación favorable,
creo en el curso de los astros
y creo mucho más en el abrazo
de quien no quiere así desabrazarse.
Para vivir en paz o, por lo menos,
en esta intermitente tregua imperial,
no se me ocurre nada mejor
que hacer ahora un amuleto en verso,
un talismán en forma de canción.
Palabras que diremos a modo de plegaria.
En fin, un fiel espantadiablos
para impedir que alguien te asalte,
que una bala me mate,
que un deslave te siga, que un alud me persiga,
que un derrumbe brutal nos entierre a los dos.
EL SUCESOR
Ahí va, es inconfundible.
Lo anuncia el perpetuo escarbadientes
con el que emite un chasquido
que él y sólo él juzga rítmico.
Vive, es un decir, de aeropuerto en aeropuerto.
Oligarca tacaño, no da un dólar de propina a nadie.
Viaja en clase turista, es cuasifisicoculturista,
engorda y hace dieta al mismo tiempo.
No sé por qué hablamos de él, nadie espera
que las cosas mejoren con semejante líder.
Será el próximo líder, no lo dudes.
UN CONOCIDO
Despierta el alba en todas las ventanas
y en quien , joven fogoso, mira al cielo.
No intentar la acción es imposible:
la religión del peligro gana prosélitos.
Hasta aquí, muy bien, pero,
un año después todo cambia
para quien ya fue rebelde sólo por un año.
Desde entonces, trabaja en la casa de Astrea.
Apura el papeleo para los comecasas
y para los devorahuertos,
representados, todos ellos, por un cuervo
o por un vermiforme leguleyo.
Es un juez a punto siempre de no decir
una sola palabra sobre ningún asunto.
Y con mayor razón, en recepciones,
donde saluda en voz baja
usando la copa de vino como micrófono.














