Apariciones de los caminos
El Diablo, rocas que se convierten en cabezas de mujer y duendes que pueden despedazar a quien los ataca, son historias de la tradición popular que se cuentan sobre los caminos del país
Ángel Vega / El Heraldo de Tabasco
Imagina lo que es tener que viajar todo el tiempo, de un extremo al otro de este extenso y calamitoso país.
Imagina lo que escucharás durante aquellas travesías; quejas y más quejas acerca de las incomodidades naturales y los peligros inherentes al desplazamiento; charlas insulsas e interminables, anécdotas domésticas, andanadas de chismes políticos.
Sobre todo eso; que si la Revolución esto, que si el ingenuo Madero acá, que si el tirano Díaz por allá.
Desconoces si te ha atrapado el sueño, pero casi puedes ver aquello que el viajante describe con las palabras como si te dictara puntualmente las imágenes de una extraña pesadilla;
Y salió volando, como el alma en pena que era, hasta perderse en la quietud del cielo estrellado.
Ya se sabe lo que la tradición señala; que dichas formaciones rocosas, las cuales adoptan curiosas formas humanoides, son en realidad personas convertidas en piedra por haber cometido alguna clase de sacrilegio de camino al templo.
«Imagina lo que es tener que viajar todo el tiempo», dijo el hombre con la mirada perdida más allá de la ventana del tren, al terminar sus divagaciones. Sólo le respondió el silencio.
«¿No será que ya estamos muertos? ¿No será que ya nos morimos?», preguntó entonces a la nada.
Pero tú crees que sólo te has quedado dormido.
«Ahora, imagina lo que será convertirse en uno de esos fantasmas de los caminos», piensas antes de sumergirte completamente, tú también, en la negrura de un sueño inquieto.
Tomado del libro: Cuentos de terror de la época de la Revolución, de Ángel Vega




























