Análisisviernes, 17 de abril de 2026
El discurso rebasado de Morena
Juan José Ramos
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Hay discursos que buscan convencer. Y hay otros que, con el paso del tiempo, terminan exhibiéndose solos.
Hablar de lo que lo está pasando con el precio de la gasolina, la inflación, el incremento en el kilo de tortilla y las frases anecdóticas que hemos escuchado desde la Presidencia del país no puede reducirse a simples declaraciones cuando revelan una oposición con la realidad que se vive en millones de hogares mexicanos, los mismos que dicen defender a ultranza desde el partido guinda.
Hablar del impacto de un conflicto internacional en los precios de los energéticos a nivel global parece muy técnico; hablar del estrecho de Ormuz, por donde circula más de 20 por ciento del petróleo mundial y una parte importante del gas natural, también. Pero cuando hilvanamos estos hechos con frases como “pueden cargar Magna”, en referencia a la gasolina que se compra en México, adquiere un peso distinto, superfluo, ofensivo.
Porque la realidad, nos guste o no, no funciona por sugerencias. No es elegir gasolina verde por la roja para que nos alcance, es reflexionar que el gobierno federal ha apostado por un nuevo modelo energético que no ha alcanzado para prevenir, atender y mitigar costos internacionales, refinación limitada, costo de logística o impuestos. Estamos ante la presunción de soberanía energética, pero sin amortiguar los golpes externos ni estabilizar precios sin recurrir, otra vez, a subsidios.
Y estos son una contención de emergencia, no reflejo de una política pública exitosa.
Los intentos de contener el incremento en los precios a través de reuniones y acuerdos con empresarios gasolineros para que la verde y el diesel se mantengan –de la roja mejor no hablamos–, y las afirmaciones de que no hay elementos para que suba el kilo de tortilla o de las verduras, tampoco contuvieron el impacto en el bolsillo de los hogares mexicanos.
Decir que “no hay razón” para que suba la tortilla puede ser técnicamente viable por el costo del grano, pero en la cadena también hay otros insumos como transporte, energía y costos operativos que han usado los empresarios de la industria para anticipar incrementos de entre dos y cuatro pesos por kilo.
Se habla de control, pero se gobierna sobre variables que no reconocen completamente. Hablar del frijol como una fuente rica en proteína, en términos de nutrición es válido y cierto; también los que se trata de pieza fundamental de la alimentación en México, sin embargo, decir en el mismo discurso que el frijol bien combinado con otros alimentos es casi como comer carne, cuando la inflación durante el mes de marzo fue de 4.59 por ciento, presionada por los incrementos en el precio de frutas, verduras y carne, no nos pone ante un aspecto técnico, sino en la intimidad de millones de hogares que sí tienen que tomar esa decisión todos los días.
Cuando consideramos todos estos aspectos y nos enteramos de las maniobras financieras utilizadas para la compra del edificio que es sede nacional de MORENA –por el que se pagaron 75 millones de pesos según fuentes periodísticas– es inevitable contrastar un discurso que llama a la población a buscar opciones ante los incrementos, con estos movimientos.
No se trata de exigir soluciones mágicas. Nadie las tiene. Pero sí de pedir consistencia porque sostener una forma de gobierno en el discurso vs la realidad, erosiona la confianza y la credibilidad.