Análisislunes, 2 de diciembre de 2024
La lección de Demócrito
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Demócrito de Abdera, fue un filósofo griego, nacido poco más de 400 años antes de Cristo, maestro de Protágoras a quien los estudiosos consideran el Padre del sofismo y la retórica y de Hipócrates, el Padre de la medicina, así que no era un filósofo del montón por decirlo eufemísticamente; en sus libros de ética, exhorta a que no aceptemos cargas con las que no podemos, a que seamos honestos y conscientes de nuestras capacidades y cualidades, de nuestras aptitudes, especialmente al aceptar el desempeño de cargos públicos.
La concepción de este filósofo que consideran equivocadamente presocrático, puesto que fue contemporáneo de Sócrates, e incluso admirado por el mismísimo Platón, quien quizá por alguna manifestación envidiosa de su claridad de pensamiento y su enorme facilidad de trasmisión de ideas a través sus manuscritos exhortaba a que fueran quemados porque a su juicio crecían de trascendencia y se orientaban más hacia el epicureísmo que preconizaba un estado de placer encaminado a la felicidad, de donde surgió la ataraxia, es decir ese sentimiento de tranquilidad y abandono de las cosas que nos producen inquietud y miedo, sin embargo Demócrito en sus exhortaciones éticas pretendía imbuir a los gobernantes a una actuación más honesta en sus deberes y por el contrario, exigía su honradez para que no se fueran a los excesos del poder que les podrían generar disipación y liviandad.
Un filósofo al que debiéramos aproximarnos a leer algunas de sus obras, porque siempre que hablamos de filosofía en general irremisiblemente hacemos referencia de Sócrates, Platón y Aristóteles y obviamente nos orientamos hacia la dialéctica de La Academia (Platón) al la peripatética del Liceo (Aristóteles) o a la Mayéutica (Sócrates) pero en Demócrito encontramos la fuente quizá más pura de la moral, de la ética precristiana un filósofo que influenció muchos siglos después entre otros a Emmanuel Kant el enorme filósofo alemán nacido en Könisberg en abril de 1724 doctrina moral basada en los imperativos filosóficos.
Bueno, el caso es que el tan mencionado filósofo cuyo nombre da título a mi entrega de esta semana en EL OCCIDENTAL, - a cuyo Director Don Javier Chávez Valle le estaré siempre agradecido por haberme dado y seguirme concediendo el favor de su hospitalidad para recibir mis colaboraciones semanales - dejó sobre todo a los políticos, una enorme lección que debieran observar siendo completamente honestos.
No aceptar cargas que no puedan llevar , no aceptar cargos públicos con los que no puedan, por su carencia de conocimientos, su carencia de experiencia o su carencia de honorabilidad, porque es mucho más digno y apreciable ver a una persona que es consciente de sus limitaciones y declina el honor de aceptar un cargo público para el cual no está preparado, no tiene la capacidad, y no se trata de despreciar a quien lo invita a trabajar con él, sino que debiera sincerarse y declinar y en cambio ofrecer sus servicios en otra área en la cual pueda desarrollar a plenitud sus aptitudes, capacidades y conocimientos.
Ahora que se están produciendo las renovaciones gubernamentales en distintos ámbitos como en el Gobierno del Estado de Jalisco, y en el Poder Judicial Federal a mediados de 2025, quienes han sido designados en el primer caso y quienes se han inscrito en la pre-selección de quienes habrán de ser designados por el Gobierno y no por el pueblo como mendazmente se asegura, convendría que hicieran un examen de conciencia partiendo de los principios del filósofo Griego Demócrito de Abdera, y si aceptan el desempeño de los cargos, que esa protesta de rigor que invariablemente tienen que rendir al aceptarlos, tengan en el peso de su conciencia la carga moral de la honestidad, que les quede muy claro que son servidores públicos, y reitero servidores y lo subrayo porque en muchos casos, cuando se llega al desempeño de un puesto público, se olvidan de eso y se convierten en una suerte de Kalifas o Sátrapas que tratan a los ciudadanos con la punta del zapato no obstante que somos los que los mantenemos a través de nuestras contribuciones.
A los que en unos días llegarán a sus cargos en el Gobierno de Pablo Lemus, les deseo la mejor de las suertes y les pido encarecidamente que sigan la lección de Demócrito, y si en verdad reúnen todas las capacidades para el desempeño de sus cargos, que se entreguen con denuedo a su labor y se los deberemos agradecer y reconocer y si no es así, como lo dice su protesta de ley, desde aquí, desde este espacio se los estaré demandando para que sean justos, y sobre todo honrados y honestos que aunque usted no lo crea estos dos últimos, son vocablos de significado diferente.