Localjueves, 22 de diciembre de 2016
Atestada la zona de San Juan de Dios
Se esperan por miles los compradores de regalos hoy
Víctor Manuel Ramírez Álvarez

Antes el pretexto para evitar la zona de la calle de Obregón eran todos los puestos ambulantes que se instalaban en el arroyo vehicular, pero con los operativos municipales se retiraron desde hace unas semanas, por lo que ahora son los vehículos que se estacionan en zonas prohibidas los que hacen que el paso por esta zona sea complicada y a ellos se suman la cantidad de personas que acuden a realizar compras de último momento.
Miles de personas confluyen de forma simultánea en esta tradicional zona de compras a bajos precios y en donde los padres de familia apoyan al “Niño Dios” y a Santa Claus en las compras de los regalos que dejarán a miles de niños en esta Nochebuena, pero el mar de piernas, carriolas, autos y bolsas que se ven desde el cruce con la Calzada Independencia es interminable.
Aunque la calle se ve más fluida en su circulación vehicular, ahora su problema en las banquetas es la cantidad de personas que entran, salen o que desde la calle ven la mercancía de las miles de tiendas que hay en la calle de Obregón, en pleno corazón de la ciudad de Guadalajara.
A esta calle se suma la confluencia con la Plaza de los Mariachis, que de plaza sólo le queda el nombre, porque mariachis no se ven a lo largo de ella, tan sólo algunas bancas que sirven para los transeúntes que buscan un descanso a sus pies debido a la larga caminata en la búsqueda de diversos productos.
Unos se interesan en los zapatos-tenis de todos los precios que se vendían, otros en los juguetes, algunos más en las bolsas de mujer, otros en la ropa deportiva, hay quienes veían mercancía para bebés, para adultos, juguetes, joyería de fantasía, cinturones, otros más entraban y salían de las tiendas con algo de comer o beber para mitigar la sed que les ocasionaban los intensos rayos del sol al mediodía.
El panorama que se aprecia esta navidad es diferente al de otros años, en donde dominaban los puestos ambulantes de joyería, relojes, cinturones, juguetes de todos los estilos desde los eléctricos hasta los de peluche, comida rápida para los antojos “feroces”, maquillaje y hasta zapatos de gala. Todo eso quedó en el pasado, hoy se ven “ríos” de personas -desde bebés hasta adultos mayores- que caminan apresurados (si los de adelante no se detienen o no bajan la velocidad) para encontrar lo que quieren comprar y salir de esa concentración humana que eleva los ánimos y la sensación térmica de mayor calor.
Así, tenis desde 250 pesos de las mejores marcas (originales o no, esa es la duda de muchos), ropa deportiva desde 100 pesos la más económica hasta de más de 300 pesos por pieza, juguetes de todos los tamaños, colores y formas, que es lo de moda por la temporada; para las mujeres las bolsas para dama, ya sea para salir de fiesta o de uso cotidiano y para los varones la ropa formal y hasta alguno que otro reloj y celulares.
Sin embargo, no todos compraban algo, muchos se iban con las manos vacías tal como habían llegado, porque no encontraban lo que buscaban o simplemente su presupuesto no eran lo suficientemente vasto para adquirir o sólo se daban una vuelta para ver si más tarde regresaban ya con la cantidad requerida o simplemente se retiraban porque los niños pequeños ya inquietos y cansados no dejaban preguntar a cuánto el producto o de cuánto es lo menos; el llanto y los jaloneos de los hijos se impusieron al gusto o deseo de compra.
Pero este vienes y sábado por la mañana se espera que el mar de piernas se multiplique por miles y hacer que esta zona sea prácticamente imposible de caminar y quienes vayan no deberán de abandonar la fila, ya que perderán su lugar o serán arroyados por la marea que no se detiene en búsqueda de mejores precios de último momento, al calor de los intensos rayos del “güerito”, que no abandona la ciudad ni en invierno.