Análisisjueves, 13 de julio de 2023
Robin ama y cuida a Manolín
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Robin Sidney Gordon, es presidenta de la Asociación Pro Defensa y Conservación de la Isla de la Roqueta. Este título habla por sí solo, la describe como una mujer dedicada a cuidar de la ecología de ese lugar, cuando nadie lo ha hecho y no sólo eso, impulsó el proyecto de establecer un museo dedicado a Pablo Galeana, personaje que participó en la Guerra de Independencia; del mismo modo, la construcción de un pedestal con mástil para que en un futuro próximo ondee, a un lado del faro, el lábaro patrio de los mexicanos.
A estas acciones podemos agregar que promovió se realizaran estudios arqueológicos e investigaciones sobre la flora y la fauna de la isla; su dedicación a cuidar de esa reserva natural, además de aportar su tiempo, dedicación y hasta su dinero, varias asociaciones la propusieron para que recibiera el Premio al Mérito Civil Antonia Nava de Catalán 2022 que otorga el Gobierno del Estado Guerrero.
Cuando los turistas visitan la Roqueta se encuentran con avisos de no dejar su basura, pero como ya se sabe que no respetan los letreros, cada semana es lo mismo, siguen dejando sus envases de cervezas, sus pañales desechables, plásticos y bolsas de frituras, entre otras cosas que Robin muchas veces las levanta; y gracias a ella han disminuido los fumadores que llevaban humo a la isla y dejaban sus colillas de cigarro. Estos antecedentes son para entender que una mujer así, lo menos que quiere es hacerle daño a la fauna que se encuentra en esa isla. Sin embargo, con la llegada del nuevo borrico “Mandolín” se ha armado un escándalo y se han polarizado las opiniones de que no debería estar allí porque no es un lugar apropiado para ese joven animalito.
De acuerdo con lo que Robin Sidney me comentó, fue el titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMAREN) quien le dijo a Robin Sidney que no podía estar el burrito en la Roqueta; sin embargo, ella argumenta que tanto en el área del faro como del museo Pablo Galeana se encuentra una base con elementos de la Marina que resguardan la isla y, desde luego, que cuidan a Manolín a diferencia de otros “manolines” anteriores a los que en un tiempo no los cuidaba nadie, porque además les daban cerveza.
Para Robin Sidney, Manolín es un asno joven de bonito color, con una mancha en el cuello en forma de herradura, con el que la señora Sidney se ha encariñado; está bien cuidado, afirma ella, que come muy bien, hasta “mejor que ella”, además de que tiene un veterinario que está al pendiente de su salud.
¿Quién mejor que Robin que es una persona que cuida la naturaleza puede atender a este pollino? No hay quien, pues ella tiene mucho tiempo en esto, mucho antes que llegaran los representantes de Semaren u otros ambientalistas. Y ¿dónde habrá para Manolín un lugar mejor donde puede correr y juguetear a su gusto?
Robin comenta que cuando fueron a la isla La Roqueta los ambientalistas, pareciera que el burrito presentía a qué iban, porque se echó a correr hacia la parte alta; y cuando han querido revisarlo para checar su estado de salud, tampoco se deja. El problema es que no se piensa en lo que es o no mejor para Manolín, sólo que debe de estar en otro ambiente, aunque lo tengan amarrado. De todos modos, los funcionarios amenazan de que quieran o no, se lo van a llevar.