Días de soltar / Adiós al papa Francisco I, pambolero
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn estos tiempos en los que los liderazgos tóxicos parecen dominar los espacios más importante del mundo, es una triste noticia la muerte del Papa Francisco. El primer Papa americano, latinoamericano, carnal y rojillo que no tuvo miedo a decir lo que piensa y sobre todo a pensar que algo andaba mal en el mundo cuando interesa más una guerra que ayudar a los pobres.
Jorge Mario Bergoglio le perdió el miedo al mundo no por valiente, sino por experiencia. Como argentino, le tocó vivir la dictadura de los setenta ya como un sacerdote importante, líder de los Jesuitas en ese país. Vio desaparecer a amigos por nada más que tratar de ayudar a los más afectados, como las Madres de la plaza de mayo. Esas heridas dejaron cicatrices profundas, que el mismo Papa confesó mas adelante tuvo que tratar en terapia con su psicóloga. Si, el Papa iba a terapia.
Nadie en este mundo está libre de alguna culpa. De por si es difícil evitar hacer lo que uno quiere, evitar cometer errores en el camino es imposible. A lo largo de su historia Jorge Mario Bergoglio fue acusado de no ayudar lo suficiente. ¡Que alivio sería a las puertas del Cielo y que San Pedro te diga “No pudiste hacer más. Ese es tu único pecado”! “Hice lo que pude, lo que estuvo en mis manos” será la contestación orgullosa de un hombre humilde con intenciones magnánimas.
Al Papa Francisco, siempre se le vio como un contra- sistema que tenía la misión de cambiar la iglesia. Si, esa iglesia que hace centenares de años pasa mas por villano que otra cosa en la memoria colectiva de la humanidad, pero que figuras como San Francisco de Asís, al que hizo honor Jorge Mario adoptando en su nombre papal, son el sostén de lo bueno que puede tener una institución de esta magnitud. Para Francisco era común ayudar con la comunidad transexual, a la que apoyó, como nunca había sucedido en la Iglesia, bajo la idea de que “todos somos hijos de Dios”. Durante su mandato eclesiástico el papa argentino fue un puente en las tradiciones conservadoras de una de las instituciones mas conservadoras de la historia del mundo, y las tradiciones modernas de un mundo progresista.
Estoy hablando, como siempre, desde mi opinión personal, en este caso la opinión de una persona educada como católico, algo de lo que estoy orgulloso, pero que desde que aprendí a pensar críticamente repudio la figura de la Iglesia. Particularmente la de un país como México en donde las cabezas de la Iglesia que me han tocado a lo largo de la vida han sido más cercanas a la política y los vicios que a la espiritualidad y virtud alguna. Norberto Rivera, Onésimo Cepeda o Marcial Maciel están mas cerca de la cárcel que de una santidad, y eso que Maciel estuvo muuuy cerca… de ambas. Para mí, como católico, la figura de alguien como Francisco I, así como Juan Pablo II, son las únicas señales de esperanza en la institución encargada de liderar una religión entera. Yo me declaro católico, juanpablista, franciscano (y anti junquista, no por otra cosa si no porque me causan nausea y agruras estos dos caras locales), en ese orden, y hoy estoy a la expectativa de que pasa en el Conclave de las siguientes semanas.
Dicen los que saben, que el status quo de la Iglesia Católica quiere regresar al poder a un papa tradicional, conservador y de mano dura que contrarresta el regnum franciscano (eso quiere decir alguien que gaste menos en los pobres/ transexuales y más en cuidar el estatus de la iglesia). Sea lo que sea que pase, el siguiente Papa tendrá unos zapatos enormes que llenar y por lo pronto el mundo se queda desamparado y a la merced de los Trumps, Putins y Amlos del mundo, cuyos escrúpulos son exactamente contrarios a la espiritualidad de Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco I. Descanse en paz.
Por último, una de mis anécdotas favoritas de Francisco I. Cuenta el Coco Basile, ese entrenador argentino que entreno al Club América de nuestro país, el Atlético Madrid en España, el Boca Juniors en su país y la mismísima selección Argentina, entre otros equipos, que por ahí del 1998 cuando entrenaba al San Lorenzo de su país, un equipo cuyos hinchas sospechaban estaba maldito por tanta mala suerte, llegó a su primer partido al vestidor a dar la platica previa y vio un sacerdote dándole la bendición a cada jugador, uno por uno. Se volteó a preguntarle a su asistente (léase con acento argentino) “¿Qué hace ese aquí?” a lo que su asistente le respondió que ese sacerdote le gustaba venir a darle la bendición a los jugadores y lo hacía regularmente. “¡Sáquenmelo de aquí, no más!” gritó el técnico, pensando que en un equipo tradicionalmente con mala suerte, esa podía ser una de las causas, y así mandó correr al sacerdote, esperando romper la cábula. Años después, el Coco se topó a su asistente de esas épocas y se dieron un gran abrazo, pero se sorprendió que lo primero y único que dijo su exasistente fue “¿Viste quién es el Papa?” “Boludo, como no voy a saber quien es el Papa, si salió en todas partes, es Francisco, y es argentino.” “No, Boludo, no sabes quién es el Papa ¡Es Bergoglio, el padre que corriste!”.
Jorge Mario Bergoglio era aficionado al futbol, particularmente al San Lorenzo, y esa es una de las razones por las que me cae tan bien, porque pambolero. Quien diría que tuvieron que pasar 264 Papas para que uno adoptara el nombre del santo patrono de los animales y el medio ambiente, fundador de la orden que se caracteriza por su énfasis en la pobreza, la vida en comunidad y el servicio a los demás, especialmente a los más necesitado. Eso dice enormidades de la Iglesia Católica.