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Como si en el mundo no existieran ya suficientes problemas, el presidente Trump sigue dando de qué hablar, no solo por sus acciones para terminar con las guerras en Ucrania y Palestina, sino también con Venezuela y su presidente a quien, por cierto, le ha dado un ultimátum para salir pacíficamente del poder a más tardar el 28 de diciembre bajo pena de que Estados Unidos pudiera tomar ciertas acciones en contra del gobierno de Maduro.
Sin embargo, el tema de esta columna busca centrarse en la problemática traída por el efecto mundialista del próximo año a celebrarse en México, Estados Unidos y Canadá pues, a pesar de que el objetivo de este evento de futbol global sea la promoción del deporte y sus valores universales, los efectos políticos del planeta siguen siendo fundamentales y perdurarán en la toma de decisiones. Me explico.
Resulta que el sorteo para saber quiénes serán los rivales y dónde serán los juegos del mundial de futbol a celebrarse el próximo año será mañana en la ciudad de Washington, DC. El problema es que las complicaciones han iniciado pues la selección iraní de futbol ha anunciado que no asistirá al evento pues el gobierno estadounidense les ha negado los visados correspondientes a algunos miembros de la Federación de Futbol Iraní, situación que les ha provocado incomodidad pues hace no mucho tiempo el propio presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), Gianni Infantino, anunció en la sala oval de la Casa Blanca, junto a Donald Trump, que Estados Unidos daría facilidades en tiempo y forma a todos aquellos que demostraran que su visita a nuestro vecino del norte fuera por temas relacionados al mundial de futbol.
Entonces, el problema geopolítico sigue vigente pues es de todos sabido que el gobierno iraní se ha manifestado abiertamente en contra de los Estados Unidos y que existe una enemistad desde hace ya muchos años. La realidad es que ahora es complicado entender el deporte como tal pues, quiérase o no, habrá una carga de escepticismo sobre los resultados que la propia selección iraní tenga durante el mundial, pues seguramente “la suerte” le pondrá en un grupo que tenga sede en México o en Canadá y que, en dado caso de avanzar a la siguiente etapa, también se juegue en cualquiera de estas dos naciones. ¡Menudo problema para el gobierno de Trump sería albergar un partido de la selección iraní en Houston, Miami o Los Ángeles, sin mencionar el apuro si le tocara jugar en Filadelfia, Boston o Nueva Jersey, muy cerca de la zona cero donde estuvieron alguna vez las Torres Gemelas!
Pero, para empeorar la honorabilidad del imperio del futbol y de todos los que somos aficionados de cabecera o no, resulta que el repechaje que da los últimos boletos de clasificación para el mundial se jugará en suelo mexicano, entre Guadalajara y Monterrey. Esto pudiera sonar normal, pero el sospechosismo geopolítico sigue latente, pues uno de los invitados a esta ronda final y con muchas posibilidades de clasificar es la selección de Irak, otra nación que tiene un vínculo roto con los Estados Unidos. Y no es que quiera meter cizaña, pero no pareciera casualidad que los juegos que siempre se llevan a cabo en territorio estadounidense (porque genera más dinero), ahora se lleven a cabo en México. Lo peor vendría si, al igual que Irán, Irak entra al mundial y tiene que jugar en los Estados Unidos, situación que la FIFA tendrá muy bien contemplada y buscará “por suerte”, en el sorteo, que no se juegue en tierra estadounidense, sino en México o Canadá.
También habrá que esperar el comportamiento del gobierno estadounidense con selecciones pequeñas, pero llenas de futbolistas y aficionados que podrían tener como pretexto el mundial de futbol para entrar a Estados Unidos y quedarse allí definitivamente de manera ilegal como ya ha sucedido antes en otros torneos como en los casos de Curazao o Haití.
Sin duda, estaremos al pendiente de lo que suceda mañana en el sorteo por cualquier situación, ya sea por saber contra quién jugará la selección mexicana o por saber el chisme geopolítico. De cualquier forma, la presidenta de la República ha anunciado que asistirá y acompañará al presidente Trump y al primer ministro canadiense, Mark Carney, para mostrar una Norteamérica sólida y unida porque la magia de estar juntos no se acaba nunca, a pesar de que no siempre se puede. Veremos…
FERNANDO ABREGO CAMARILLO es Doctor en Ciencias Administrativas por el IPN. Profesor de telesecundaria en los SEIEM además de investigador y catedrático de tiempo completo en la academia de Bloques Regionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Santo Tomás en el IPN. Asociado COMEXI. Sígalo en x como @fabrecam