De cara al evento de futbol más importante del mundo, el gobierno del estado rehabilitará 20 canchas de futbol y construirá 20 más en 30 municipios de Morelos
La máxima casa de estudios de Morelos amplió los plazos para el pre-registro y carga de documentos; aquí te presentamos el calendario actualizado para nivel superior y medio superior
La reforma al artículo 127 constitucional establece un tope máximo de 67 mil 300 pesos mensuales; exministros y magistrados verán reducidos sus ingresos de forma inmediata
Valeria Alexa Mujica tenía 16 años cuando su hermano Antonio desapareció en Tlaquiltenango. Hoy, estudia Derecho y enseña pintura a otras buscadoras mientras espera justicia
La historia de romance y comedia de los años 50, protagonizada por Elsa Aguirre y Luis Aguilar, llega al Teatro Ocampo el 15 de abril con entrada gratuita
Colectivos y familias se unieron este fin de semana para retirar residuos del río Colotepec y este punto turístico en Xochitepec, buscando devolverle su brillo natural
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
El mundo está en llamas, como siempre. No se requiere ser tan inteligente ni un internacionalista afamado para saber que vivimos en una distopía constante desde siempre. El panorama global no es alentador y se viven contextos desoladores basados en las ruinas de lo que queda como sociedad. El ser humano no ha sabido llevar una vida apacible sin conflictos. El poder nos tiene así, unos arriba y otros abajo.
Esta distopía existe debido a los miedos sociales y políticos existentes que no permiten avanzar en temas de cooperación y respeto al Derecho Internacional; sin embargo, la misma distopía se acrecienta al albergar situaciones caóticas en todo tipo de temas, desde los eternos conflictos bélicos entre las grandes potencias, hasta los -ya no tan- nuevos problemas que tienen que ver con el cambio climático y los nuevos dilemas sociales que van surgiendo día a día en temas de sostenibilidad, educación, seguridad y salud.
De hecho, la principal problemática que se vive es que las visiones para resolver los problemas antes mencionados tienen que ver con el contexto que cada uno vive y las alternativas no siempre van a ser benéficas, igualitariamente hablando, para todos los involucrados, lo cual trae como consecuencia un mayor conflicto. Me explico.
El mejor ejemplo para ello es lo que Donald Trump y los Estados Unidos están haciendo alrededor del mundo. La visión estadounidense no coincide con la de otros, como la del chavismo en Venezuela o la de los Ayatolá en Irán. A estos ejemplos también pudiéramos sumar, en menor medida de peligro, pero igual de relevantes a nivel global, a la visión de China, Rusia, la propia Unión Europea y Cuba con respecto a diferentes conflictos, lo cual sugiere que sean las naciones más poderosas las que busquen imponer su ley, cualquiera que esta sea.
Y no se piense que los gobiernos -y sus gobernantes- son malos o que buscan la destrucción del mundo o de una parte, al menos, sino que, al no encontrar puntos de equilibrio, piensan en otras alternativas. Entonces, habrá que recordar que Edmundo O ‘Gorman ya había planteado esta idea en su obra “entelequia y utopía” cuando intentó explicar lo que los liberales y conservadores querían para la sociedad latinoamericana. Al final, el autor resumía que los liberales y conservadores buscaban lo mismo, pero cada quien a su manera.
Es así que esta idea funge como corolario para entender lo que sucede con la nueva guerra que estamos viviendo desde la semana pasada donde Estados Unidos ha bombardeado Irán y este ha devuelto los bombardeos a bases militares estadounidenses en territorios de Medio Oriente, tales como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y otros más.
Aclaro, no es que se trate de promover o tolerar ataques de esta magnitud, sino que estas líneas intentan entender y analizar el por qué de estas acciones. Siguiendo la analogía de O ‘Gorman, se podría pensar que Estados Unidos busca lo mejor para el mundo siempre y cuando se haga a su manera, sin embargo, se podría decir que Irán, Cuba, Venezuela, Rusia y China también hacen lo mismo, por lo que el tema se atora pues, lejos de una sana convivencia y de acuerdos diplomáticos, se opta por el uso de las armas, donde miles y miles de personas sufren las consecuencias como un daño colateral.
Luego, vuelvo al título de la columna para trascender de la distopía que vivimos a un intento de solución que no versa precisamente de una simple retórica, sino de una necesidad más profunda de análisis y reflexión que no permite alcanzar acuerdos reales, simplemente porque nadie cede.
Ahí, en esa burbuja alternativa es donde los organismos internacionales tienen un reto mayúsculo, pues los objetivos con los que se han regido desde el fin de la segunda guerra mundial deben cambiar para no continuar vagando y subsistiendo en esta distopía. De hecho, tampoco es que sea tan fácil y que los propios organismos tengan la solución a la mano, sin embargo, tienen la obligación de renovarse para no morir o, al menos, morir en el intento.
El reto es lograr que el orden internacional se reestablezca de acuerdo al contexto que se vive en la actualidad y que la distopía evolucione, pero con el fin último de que esa evolución permita un verdadero avance y se transite hacia una realidad que no vuelva a la entelequia y utopía que ya se vive. Se trata de evolucionar, pero en un sentido real, que las naciones y sus gobernantes entiendan la importancia de volver a trabajar en conjunto: ahí está el verdadero reto. Veremos…
FERNANDO ABREGO CAMARILLO es Doctor en Ciencias Administrativas por el IPN. Profesor de telesecundaria en los SEIEM además de investigador y catedrático de tiempo completo en la academia de Bloques Regionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Santo Tomás en el IPN. Asociado COMEXI. Sígalo en x como @fabrecam