Continuando con nuestra reflexión, es preciso decir que esta idea que el hombre actual tiene de la naturaleza como fuente de recursos naturales al margen de cualquier otra consideración de respeto o protección, ha ido de la mano con el cambio de mentalidad respecto de sí mismo. Efectivamente, hubo un tiempo en que el ser humano consideraba mayoritariamente que todo cuanto le rodeaba era creación divina, de esa condición derivaba un gran respeto, e incluso veneración, hacia la tierra que se extendía al propio hombre. El mundo era un espacio cerrado, limitado, sin posibilidades de apropiación, la tierra era el centro del universo y el hombre el ser más perfecto de la creación, muchos siglos pasaron con esta idea. No fue sino hasta el renacimiento y muy particularmente con Descartes que se inicia el primer giro epistemológico: “el pienso luego existo” dejaba atrás todo cuanto se había estudiado y juzgado hasta entonces. La razón ahora podría permitir al hombre dominar la naturaleza. Y efectivamente así ha venido ocurriendo desde entonces, por medio de ella el hombre fue conociendo las causas de los múltiples fenómenos naturales: el movimiento, la energía y sus diferentes formas, los diversos ciclos del agua, del oxígeno, del nitrógeno, en fin, las múltiples maneras en que se podía hacer producir alimentos y muchos otros bienes de consumo. Esa revolución, que se dio en llamar industrial desarrolló nuevos medios de producción cada vez mayores y más rápidos que lo producido manualmente. El binomio producción - demanda creció exponencialmente. Ahora el hombre sería la “medida de todas las cosas”, incluido el propio hombre.
Todavía hubo una época, muy reciente, en que los bienes podían ser conservados por años, su durabilidad y calidad los hacían apreciados. No tardó mucho en que eso llega su fin para dar paso a lo desechable, en esa estamos. Una de las consecuencias más evidentes de desarrollo científico y tecnológico es que los bienes producidos hicieron más fácil la vida. El descubrimiento de vacunas y productos farmacéuticos y más, en el ámbito de la salud permitió que se prolongara la existencia personal, la esperanza de vida en México, prácticamente se duplicó en el siglo XX. Las generaciones que conviven hoy día tienen mucho mejores condiciones de vida que las de hace un siglo.
Cuidar el planeta no es solo responsabilidad de los gobiernos y del sector económico, también compete a todos los hombres y mujeres de la sociedad. Cada uno tenemos mucho que aportar. Desde la modesta acción en el hogar hasta la más grande o gigante en una empresa comercial.