¿A dónde se fueron las chicatanas?
Las adversidades impulsadas por el hombre están cambiando la dinámica poblacional e incidiendo en las funciones ecológicas de las que derivan los insectos
Katy Cárdenas / El Sol de Cuernavaca
Las chicatanas, conocidas como hormigas de San Juan, son tan solo una de las más de 500 especies de hormigas en México y más de 180 de las que existen en Morelos.
Es común verlas al iniciar la temporada de lluvias que, en cuyo ciclo normal, comienza a finales de junio, pero este 2022 ha sido la excepción.
¿Dónde están? ¿Quién se las llevó? Son algunas de las incógnitas que aunque parecen simples implican muchos riesgos para el medioambiente.
Te sorprenderás que aspectos como el uso del teléfono celular o inalámbrico forman parte de esta razón del porqué ya no nos visitan.
Hormigas arrieras: un recorrido por la especie
En el artículo refieren que las hormigas tienen presencia en 22 de los 32 estados del país, su nombre científico es Atta spp y se diversifican en tres géneros: A. texana, A. cephalotes y A. mexicana.
¿Por qué ya no salen?
Este 2022 la presencia de ellas en las calles y avenidas no fue percibida como en años anteriores y se le preguntó al especialista a qué se debe.
El uso común de hornos de microondas en hogares para calentar el agua o alimentos también forman parte de los efectos, pues este tipo de especies tan pequeñas son sumamente susceptibles a la emisión de dichas ondas.
Diversos nombres
Estas hormigas también son conocidas como sontetas en Cuernavaca, cuatalatas en Cuautla, zompopos en Puebla y tzim tzim en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Su función en el ecosistema
Las hormigas además son “pisadas” por el ser humano que las ve como plagas, hay comunidades incluso que se las comen por su rico contenido proteico “ahora ha sido más difícil recolectarlas”.
Cómo explicarle a la población que no debe modificar su ciclo
¿Hay forma de restablecer el desequilibrio? El control poblacional podría ser una forma, el rescate de las áreas naturales, respetar el ecosistema en todo su conjunto podría permitir el colapso ecológico, dijo el experto en biología.
"Debemos entender que el hombre forma parte de la naturaleza, no la naturaleza forma parte del hombre, esas son cuestiones erróneas que hemos tenido", dice Armando Burgos, investigador del Laboratorio de Parasitología de la UAEM


























