El doctor Juan Antonio Mercado propone usar el trabajo académico en la gestión pública para resolver conflictos sociales de raíz y erradicar la estigmatización en la sociedad
La mayoría de las observaciones administrativas por organismos federales han sido atendidas, mientras que el ajuste de nómina se realiza de forma gradual y con acuerdos voluntarios
La iniciativa busca garantizar el derecho a la alimentación y mejorar la calidad de vida de quienes no pueden acudir a los comedores comunitarios del Ayuntamiento
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
El triunfo del ultraderechista José Antonio Kast en Chile marca un parteaguas en la tendencia electoral de América Latina. Con más del 58% de los votos, la derecha regresa por segunda vez a la Presidencia de Chile desde el retorno de la democracia en 1990 tras la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990). En mi columna pasada mencioné que el este del subcontinente estaba optando por perfiles conservadores ante las condiciones internacionales, entre ellos, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y, con ello, su política exterior agresiva hacia gobiernos de izquierda. El presidente electo chileno llega en un momento donde puede capitalizar las flaquezas de la administración progresista de Gabriel Boric, quien alcanzó logros trascendentales en materia social, pero que en el marco del aumento de la tensión con Estados Unidos es sujeto a críticas respecto a la inseguridad e inmigración. Por lo que los objetivos en la agenda de Washington, sin duda, aumentaron la probabilidad de la victoria del Partido Republicano. Un mandatario de extrema derecha gobernará los próximos 4 años y no es el mejor augurio para el país necesariamente.
Por una parte, desde el inicio de su carrera política, las declaraciones de José Antonio Kast se han caracterizado por ser abiertamente reaccionarias. Desde estar en contra del aborto hasta apoyar al régimen militar de Augusto Pinochet, el presidente electo se ha mostrado como conservador de línea dura. Incluso ha afirmado que durante la administración de Sebastián Piñera las propuestas conservadoras sociales eran “muy licuadas”. Surgen temores dentro de los círculos más moderados debido a su ascendencia nazi, ya que, según un documento de 1942 del Archivo Federal de Alemania, su padre fue miembro del partido de Adolf Hitler desde los 18 años. Aunque, a diferencia de 2021, su campaña giró en torno a los problemas económicos, de inseguridad y de inmigración que atraviesa el país —pese a que no se tienen panoramas graves—, es probable que las posturas políticas en materia social permanezcan durante su mandato. Si bien no se prevé que haya un retroceso en las leyes que protegen al matrimonio homosexual, derechos reproductivos o adopción homoparental ya que el oficialismo no cuenta con la mayoría parlamentaria, sí se puede presentar una retórica de condena hacia estas libertades propiciando una polarización, así como un clima hostil para las mujeres y la comunidad LGBT.
No obstante, sus posturas políticas en las distintas esferas no se presentaron como factores disuasivos. Como se mencionó, José Antonio Kast ancló su campaña a problemas como la inseguridad, tambaleo económico y el incremento de la inmigración irregular. La capitalización de estas tres, que pone como fracasos del gobierno de izquierda de Gabriel Boric, permitieron la convergencia entre los votantes y las propuestas del presidente electo. Si bien los índices que muestra el país son los mejores de la región, incluso es más seguro que Uruguay y Costa Rica, la sensación de miedo que provocan las narrativas ultraderechistas motiva un giro en la preferencia de los votantes. La Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana registró que 87.6% de las personas perciben un aumento en la delincuencia. Pese a que menos del 6% de la población fue víctima de algún delito de alto impacto, es, precisamente, esa percepción de peligro de la que se toma ventaja para la construcción de un discurso conservador, nacionalista y populista, dejando de lado las libertades que estén en riesgo de verse oprimidas en el futuro.
Aunado a las cifras oficiales, de acuerdo con el Informe Nacional de Víctimas de Homicidios Consumados, la tasa de víctimas por cada 100 mil habitantes bajó de 6.7 en 2022 a 6.0 en 2024. De los imputados, 77% son chilenos, 18% son extranjeros y del 5% restante no se tiene información, lo que demuestra que la incidencia delictiva no ha aumentado ni es propiciada por los migrantes exclusivamente. Otros reportes de la Fiscalía de Chile, así como fundaciones de estudios como Insight Crime, afirman que la participación de extranjeros en otros delitos como robo o extorsión es menor a la de los nacidos en el país. Si algo se debiera reforzar, entonces, serían los controles de seguridad aduanera al igual que los pasos inhabilitados para la contención de la entrada de miembros del crimen organizado, quienes constituyen, en mayor parte, la inmigración irregular de la que habla José Antonio Kast y se dedican al tráfico de personas. La propuesta de campaña no debería ser ir tras las otras nacionalidades, sino la desarticulación de organizaciones criminales y la construcción de la paz. De ahí que sea importante detectar las falsedades de un discurso que culpa estrictamente a la población migrante, la cual está compuesta por más de 1 millón 918 mil personas y de ellas sólo alrededor de 300 mil son irregulares. El resto son residentes legales que aportan al PIB chileno, siendo 10.3% en 2024.
En adición a la información oficial, según el Banco Central, se espera que las exportaciones superen los 100 mil millones de dólares registrados en 2024, un récord histórico. La inflación continúa en descenso tras el tumulto económico causado por la pandemia en 2020, bajando de 14.1% en 2022 a 3.4% en 2025. También se crearon 600 mil empleos formales, pero todavía se tiene que disminuir la tasa de desempleo que, actualmente, se encuentra en 8.4%. Es verdad que existen flaquezas que el gobierno de Gabriel Boric no pudo atender, pero es de fundamental importancia que primero se revisen y analicen las cifras oficiales que presentan el panorama de seguridad, económico y social. Esto con el estricto fin de no caer en las narrativas de las campañas que crean miedo en el ambiente para atraer votantes. Es imprescindible la disminución en la tasa de desocupación, incidencia delictiva, inflacionaria, entre otras, para que la calidad de vida cada vez sea mejor, pero igual de importante es no inclinarse al extremo del péndulo político por una narrativa que magnifica la gravedad de los asuntos.
Finalmente, todo esto da cuenta de que el giro a la ultraderecha no es motivado porque el país esté atravesando un periodo de crisis necesariamente, es la incertidumbre del plano internacional que da paso al miedo y, con ello, a este tipo de gobiernos. Los cuales buscan alinearse a la agenda de política exterior de las potencias, en este caso, de Estados Unidos para disminuir su vulnerabilidad a la volatilidad global. Con una agenda valórica parecida a la del presidente Donald Trump, José Antonio Kast espera que Chile pueda tener un mayor papel en la región, especialmente, en materia económica. Esto debido al potencial minero que tiene gracias a sus reservas de minerales de tierras raras, un mercado que Washington prevé dominar en el marco de la tensión con Beijing. Por lo que un gobierno de derecha que, a su vez, favorece el corporativismo sería también un buen socio. La izquierda en América Latina deberá de reformularse al interior con el fin de evitar la llegada de perfiles de ultraderecha.