Análisismartes, 3 de febrero de 2026
Davos
Nota. Internacionalista y analista política
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Nota. Internacionalista y analista política
Hace unas semanas Davos se convirtió en el centro de discusión para la nueva geopolítica. Un encuentro de alto perfil que antes fungía como una plataforma de debate para la formulación de estrategias de crecimiento y desarrollo económicos entre países desarrollados y subdesarrollados, terminó por exponer ante el mundo la fractura del transatlantismo. El cual, fue la esencia del sistema internacional establecido desde finales de la Guerra Fría, hasta ahora. Los líderes de Norte América y Europa dejaron ver las flaquezas que su liderazgo ya no puede sostener, así como la necesidad que tienen para reconfigurar alianzas que neutralicen su vulnerabilidad ante el ascenso de otros polos de poder: Rusia y China. Los señalamientos entre Estados Unidos, Europa y Canadá en las exposiciones de sus respectivos mandatarios; la suspensión del Parlamento Europeo para la aprobación de un acuerdo comercial con Washington; y el rechazo de Ottawa a un papel de subordinación hicieron del Foro Económico Mundial la manifestación más nítida de lo que realmente está pasando, la entrada a un nuevo orden global.
Primeramente, la brecha de intereses nacionales deja claro el poco espacio que hay para cooperar. Las amenazas arancelarias de Estados Unidos ante la negativa de la Unión Europea (UE) para entregar Groenlandia derivó en una serie de disensiones entre los miembros Occidente que, a su vez, causaron un caos diplomático. Por primera vez en los últimos años, la UE presentó un plan coherente para hacer frente a la intimidación de su socio norteamericano: el Instrumento de Anti-coerción (ACI, por sus siglas en inglés). Éste consiste en un paquete de contramedidas equivalentes a 108 mil millones de dólares para combatir las conminaciones comerciales que países no europeos intenten dirigir a la región. Incluso el Parlamento Europeo decidió suspender la aprobación de un acuerdo comercial con Washington negociado por el Presidente Donald Trump y la Presidenta de la Comisión de en julio del año pasado. Aunque el mandatario estadounidense dio un paso atrás con su política arancelaria luego de una reunión con su cercano Secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) Mark Rutte, estos eventos muestran que la estrecha alianza que antes existía ya no tiene cabida.
Asimismo, dado que la moderación de tono del Presidente Donald Trump hacia la región puede ser temporal, los líderes europeos han decidido optar por otra estrategia que pueda disuadir cualquier cambio repentino en la política comercial de su socio: la venta de activos. De acuerdo con datos el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, 40% de la deuda pública está en manos de la UE, lo que la hace de los mayores financiadores del país. Ante la tensión creciente por el riesgo de que Washington vuelva a presionar al bloque, algunos gobiernos ya han anunciado la posibilidad de salir del mercado bursátil americano. Por ejemplo, un fondo de pensiones de Dinamarca anunció una próxima venta de todos sus bonos del Tesoro con valor de 100 millones de dólares. De que bancos centrales e inversores privados europeos decidan vender, la economía estadounidense sufriría una caída severa. Hasta ahora, ya se ha observado una devaluación significativa del dólar, la semana pasada cayó un 2% frente al euro, un 3% frente al yen y un 3.5% frente al franco suizo. Si bien la Casa Blanca ya coqueteaba con devaluar su moneda para fortalecer su industria nacional y, así, arreglar su déficit comercial, esta inestabilidad financiera afecta negativamente el clima inversor.
Igualmente, la postura de Canadá respecto a la política exterior de Estados Unidos demuestra el rechazo en conjunto de jugar un papel de subordinación. El discurso del mandatario canadiense en Davos pasó a ser un evento histórico dado que expuso internacionalmente su negativa para adentrar a su país a una relación asimétrica con Washington destapando, al mismo tiempo, su disposición para cooperar con otros polos de poder con el fin de tener un rol prominente en el nuevo orden mundial. El estrangulamiento comercial que enfrentan Ottawa y Bruselas de su más antiguo aliado es el tipo de interacción que el Norte Global ha tenido con el Sur Global. Por lo que, la admisión de esta realidad por parte de un miembro de Occidente resulta más controversial aún. Esto debido a que, de manera oficial, revela la imposibilidad de la alianza para mantener el statu quo y da la bienvenida a nuevas relaciones internacionales. De ahí, el encuentro que el Primer Ministro Mark Carney con el Presidente Xi Jinping en el que acordaron fortalecer sus vínculos comerciales que, actualmente, tienen un valor de más 118 mil millones de dólares.
Aunado a ello, se suman todas las demás reuniones que otros líderes occidentales han tenido con el Presidente Xi Jinping, entre ellos el Primer Ministro de Reino Unidos Keir Starmer la semana pasada en la que acordaron inversiones en distintas materias como energética y farmacéutica, al igual que remoción de visa turística. Igual de importante es la carrera para la consolidación de nuevos acuerdos comerciales en la que la UE se ha sumergido, logrando consolidar sociedades con India y el Mercosur. La desconfianza a Estados Unidos es tal que los países europeos han dado pasos diplomáticos que ya no tienen vuelta atrás. En el marco del visible declive, tanto económico, como político tomando en cuenta los crímenes que hoy involucran a la élite estadounidense, los miembros de Occidente comenzarán a trazar un nuevo rumbo para velar por sus intereses nacionales.
De esta manera, es válido concluir que Davos no fue un encuentro de formalismos diplomáticos, fue el evento de clausura del transatlantismo. Además, la divulgación de los archivos de Epstein, la venta masiva de acciones y criptomonedas, las amenazas militares a Irán, la nominación de Kevin Warsh para sustituir a Jerome Powell en la Reserva Federal, aumentan la incertidumbre en Estados Unidos a niveles difíciles de ignorar por la comunidad internacional. Mientras tanto, China aumenta sus reservas de oro, vende sus bonos de deuda estadounidense, promueve el yuan como moneda de reserva internacional y se presume como una alternativa comercial prometedora. Rusia, por su parte, no tiene prisa para concluir su guerra en Ucrania ya que, conforme pasa el tiempo, es más probable que el Donbás quede bajo su control. Si las agendas de Washington y Bruselas se siguen alejando, el Occidente nacido desde la caída de la Unión Soviética hasta ahora pasará a ser historia.