La Secretaría de Bienestar detalló las fechas y requisitos de inscripción para acceder a la pensión económica bimestral de tres mil 300 pesos por medio de la tarjeta oficial
El sector gastronómico afiliado garantiza el manejo higiénico de todos los alimentos del mar mediante estrictos protocolos sanitarios para proteger la salud de los comensales
El dirigente sindical advirtió que la constante inflación y los altos precios del diésel hacen insostenible continuar operando las unidades sin una modificación a los pasajes
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
Lo que comenzó como una decisión de fuerza desde la Casa Blanca, hoy se está convirtiendo en un problema de escala global que rebasa por mucho la narrativa de “defensa” que intentó posicionar Donald Trump. Los ataques contra Irán, más allá de la justificación que pueda esgrimirse desde Washington, han abierto un frente internacional incómodo, aislando a Estados Unidos de aliados tradicionales y generando un clima de incertidumbre que impacta directamente en la estabilidad económica mundial; porque el problema no es solo el conflicto en sí, sino la forma unilateral en que se ejecutó, sin consensos, sin estrategia clara de contención y, sobre todo, sin medir las consecuencias que hoy comienzan a sentirse con fuerza en los mercados, en la diplomacia y en la opinión pública, incluso dentro del propio territorio estadounidense, pues hay quienes han manifestado su inconformidad a esta “política” de ataque emprendida por el magnate.
Uno de los primeros síntomas de que la jugada no salió como se esperaba es el evidente distanciamiento de potencias que históricamente han “caminado” junto a nuestro vecino país del norte en conflictos internacionales, países como Japón, Gran Bretaña o España han marcado distancia, no necesariamente respaldando a Irán, pero sí cuestionando la forma en que Trump decidió actuar sin construir una coalición sólida; este aislamiento no es menor, porque rompe con una lógica diplomática que durante décadas permitió a Estados Unidos liderar acciones globales bajo el argumento de consenso internacional. Hoy, esa narrativa se diluye y deja al presidente estadounidense expuesto como un actor que privilegia decisiones impulsivas sobre estrategias de largo plazo, debilitando su liderazgo global, a pesar de que ha argumentado que la nación que representa dejará de ser “la policía” del mundo.
El verdadero punto de tensión, sin embargo, no está únicamente en el ataque militar, sino en la reacción iraní que ha puesto sobre la mesa el cierre del estrecho de Ormuz, a pesar de que se ha hablado en las últimas horas de un diálogo de “alto nivel” entre Irán y Estados Unidos. Este paso marítimo es una de las “arterias” más importantes del comercio mundial de petróleo, y cualquier alteración en su operación tiene efectos inmediatos en los precios internacionales; de hecho la amenaza de su cierre no es un asunto menor ni retórico, es un recordatorio de que en este tipo de conflictos las respuestas pueden escalar rápidamente hacia terrenos que afectan a todo el planeta; la economía global, altamente dependiente del flujo energético, comienza a resentir la incertidumbre, mientras los mercados reaccionan con volatilidad ante un escenario que nadie puede controlar con precisión, lo que nos podría llevar a precios incontrolables del crudo, y por ende, en el precio de la gasolina.
Pero quizá uno de los elementos más reveladores de esta crisis es el rechazo que ha comenzado a surgir dentro de Estados Unidos, porque no se trata únicamente de voces opositoras tradicionales, sino de sectores ciudadanos y políticos que cuestionan abiertamente la necesidad y conveniencia de estos ataques. La historia reciente de intervenciones militares fallidas pesa, y el recuerdo de conflictos prolongados y costosos vuelve a instalarse en el debate público; Trump, que ha construido su narrativa en torno a la fortaleza y el liderazgo, enfrenta ahora una contradicción, sus decisiones, lejos de fortalecer la posición estadounidense, podrían estar debilitándola tanto en el exterior como en lo interno.
Evidentemente nuestro país también está resintiendo los efectos de este conflicto, incluso sin tomar partido en el mismo, y a pesar de la postura positiva de la Presidenta, Claudia Sheinbaum, es indudable que el precio tenderá a subir, a pesar de que en su narrativa asegura que se está refinando en México de forma importante. Veremos hasta dónde la administración federal puede contener algo que se sale de sus “manos”, pero que al final de cuentas, en el bolsillo de los mexicanos, buscaremos un responsable, quizá, quien despacha en Palacio Nacional.