Los “pecados” de Luisa María Alcalde
La grilla del pájaro
Desorden.
Señales.
Opacidad.
Costo.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónLa inminente salida de Luisa María Alcalde, como dirigente nacional de Morena, deja de manifiesto que a lo largo de su gestión al frente del partido en el poder, ha carecido de estrategias claras y sinergia con la militancia, aunado a que se percibe que no es uno de los perfiles más “consentidos” de la Presidenta Claudia Sheinbaum, y en ese trayecto podría haber cometido varios “pecados” que hoy la tienen con “pie y medio” fuera de este instituto político, donde a final de cuentas sin trabajo no se quedaría, pues le han ofrecido la Consejería Jurídica del Ejecutivo. Y es que ante las próximas definiciones de candidaturas es previsible que no quieren que meta “mano” en las mismas, quizá porque se han tomado decisiones erróneas, máxime cuando está en la “cuerda floja” la alianza con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), por todo lo ocurrido en al Plan B de la Reforma Electoral.
Uno de los principales señalamientos que pesan sobre la dirigencia de Luisa María Alcalde es el evidente desorden interno que ha permeado en Morena durante los últimos meses, más allá del discurso de unidad, en los hechos se han acumulado episodios que exhiben falta de control político y operación territorial. La campaña de afiliación y adhesión, que debió convertirse en un músculo organizativo rumbo al 2027, terminó generando dudas y cuestionamientos, pues se detectaron registros de personas fallecidas, lo que no solo pone en entredicho la veracidad de los padrones, sino que también deja de manifiesto una estructura debilitada, sin filtros ni mecanismos de verificación sólidos.
Otro de los “pecados” que se le atribuyen tiene que ver con la falta de alineación con los mensajes que se han construido desde Palacio Nacional, particularmente en torno a la Reforma Electoral, pues mientras el discurso presidencial ha buscado consolidar una postura firme y cohesionada, desde la dirigencia partidista se han emitido señales contradictorias que terminan por generar incertidumbre tanto al interior como hacia el exterior del movimiento. En política, la forma es fondo, y cuando no existe sincronía entre el partido y el gobierno, el mensaje se fragmenta y pierde fuerza; de hecho esa falta de coordinación ha sido aprovechada por la oposición para cuestionar la viabilidad de las propuestas y para exhibir fisuras en un movimiento que, hasta hace poco, se presumía sólido.
A lo anterior se suma un tema particularmente delicado, la transparencia en el uso de los recursos, ya que diversos reportes han señalado que de un gasto cercano a los 600 millones de pesos, únicamente se han transparentado alrededor de 22 millones, lo que ha levantado suspicacias y exigencias de rendición de cuentas; la respuesta de la propia dirigente, calificando estas acusaciones como “de mala fe”, no ha sido suficiente para disipar las dudas, sino que incluso ha alimentado la percepción de opacidad, máxime cuando se trata de un partido que, se supone, ha construido buena parte de su narrativa en la crítica a los excesos del pasado, y estos señalamientos resultan especialmente sensibles, pues golpean directamente la credibilidad del proyecto y abren la “puerta” a cuestionamientos que antes parecían exclusivos de otras fuerzas políticas.
Finalmente, el costo político de estos episodios comienza a reflejarse en la propia narrativa de la dirigencia, que ha reconocido que los escándalos internos han afectado la reputación de Morena, aunque los atribuya a estrategias de la oposición, sin embargo, en política no basta con señalar adversarios, también se requiere autocrítica y capacidad de corrección. La suma de errores, descoordinaciones y cuestionamientos ha generado un desgaste que, en un momento clave rumbo a la definición de candidaturas, resulta difícil de ignorar. Así, la eventual salida de Luisa María Alcalde no sería producto de un solo factor, sino de una acumulación de decisiones y omisiones que terminaron por debilitar su posición.