Fue aprobado en comisiones del Senado de la República, sin el aval del Partido del Trabajo (PT), el llamado Plan “B” de la Reforma Electoral, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, luego de algunos retrasos intencionales, derivados de la falta de acuerdos con este instituto político que, se supone, es aliado de Morena; todo porque han manifestado no estar de acuerdo en que la revocación de mandato sea a la mitad del periodo presidencial, correspondiendo al 2027, porque aseguran que esto les restaría porcentaje en la votación y, por ende, menos representación cameral, porque consideran que sería una “avalancha” de sufragios que se habrán de volcar a un solo partido, el de la titular del Ejecutivo. De hecho, esto pondría a “temblar” este segundo intento por modificar, en parte, el sistema político y democrático en el país.
Culpas
Y tal como sucedió en la reforma constitucional, que no alcanzó la mayoría calificada en San Lázaro, Claudia Sheinbaum ya comenzó a repartir “culpas” en caso de que su iniciativa no vuelva a pasar, a pesar de contar con la mayoría simple en la Cámara Alta, con los votos de Morena y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). El asunto es que el solo hecho de haberse salido de la reunión de las comisiones dictaminadoras, el PT lanza un mensaje fuerte de rompimiento momentáneo con el oficialismo, porque podría pasar este Plan “B”, pero en las siguientes reformas constitucionales sería donde los aurigrana estarán condicionando su voto; además, responsabilizar a uno de sus “aliados” refleja vulnerabilidad oficial, porque esto habla de que la oposición no está equivocada en su postura, al asegurar que el movimiento de la Cuarta Transformación quiere la mayor tajada del “pastel”, pues hasta sus coaligados así lo perciben.
Intervención
La “inquilina” de Palacio Nacional ha asegurado que durante la revocación de mandato no estaría, en ningún momento, promoviendo el voto para su propio partido, pero es natural que la intervención que tendrá será más que evidente, porque el solo hecho de juntar la renovación de la Cámara de Diputados, la renovación de 17 gubernaturas, con la imagen presidencial de Claudia Sheinbaum, naturalmente habría una “cargada” importante en cuanto a sufragios para Morena, aunque en la narrativa desde la “mañanera” diga lo contrario. Ahora, ¿por qué no hacerlo al cuarto año de gobierno?, es decir, en el 2028, cuando solo se vote por la revocación, sin interferir; si en el mensaje asegura que no tiene nada que ver una cosa con la otra, ¿por qué negarse? Es claro que hay un deseo por favorecer con su aceptación popular en las urnas.
Disfraz
Quizá la propuesta lleve un “disfraz” incluido, pues se asegura que esta iniciativa tiene otro objetivo, más importante, que es la disminución de privilegios, y con ello me parece que se ha buscado chantajear a los legisladores y “enganchar” a la sociedad, porque se ha manejado que es importante la eliminación de sueldos a funcionarios electorales y legisladores, que en parte desde luego es necesario, pero es tan solo la forma de esta propuesta, porque el fondo es claro: asegurar el futuro del morenismo en el segundo trienio de la administración federal, y ganar el mayor número de gubernaturas con la ayuda de la imagen de Claudia Sheinbaum; e incluso considero que la narrativa oficial ha caído en la ingenuidad, porque a todas luces existe este otro objetivo, del que todos nos hemos dado cuenta.
Futuro
Algo que la Cuarta Transformación no ha calculado es que el poder que ostentan en el país no será para siempre, y estas modificaciones electorales podrán afectarles en un futuro, cuando no sean esa mayoría en el territorio nacional; de hecho, muchos de los militantes de Morena, los auténticos fundadores, siempre estuvieron buscando abrir mayores espacios para las minorías, y hoy juegan con “fuego”, a sabiendas que en algún momento de la historia se podrían “quemar”, y esto no es una verdadera democracia.