La Grilla del pájaro
Morenistas adelantados.
Tiempos.
Chihuahua.
Encuestas.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónA pesar de que falta más de un año para la elección del 2027, y poco más de seis meses para el inicio formal por parte de la autoridad electoral a nivel nacional y local, muchos perfiles morenistas ya han comenzado con la promoción personal, desde luego violentando la normatividad como actos anticipados de campaña y disfrazando su estrategia en apariciones en portadas de revistas y espectaculares, algo que raya en lo burdo. El asunto es que en Morena se ha anunciado que las famosas encuestas para definir a quienes serán sus candidatos se realizarán entre los meses de mayo y junio, de ahí el “apuro” de muchas y muchos que quieren llegar a San Lázaro o al Congreso del Estado, o bien a los gobiernos estatales en las 17 entidades donde se renovará el Ejecutivo; lo que indica una clara señal de desesperación, pues la falta de presencia en territorio la buscan sustituir con apariciones de esta naturaleza. De hecho, lo que antes criticaban de otros partidos, hoy lo replican de manera exponencial.
Se trata de esperar los tiempos legales para llevar a cabo una precampaña y una campaña; hacerlo antes debería implicar sanciones, algo que muy rara vez ocurre, pues en muchas ocasiones la autoridad electoral termina resolviendo meses después, cuando ya se consumó una elección, y resulta que solo se imponen multas económicas. Es decir, han tomado determinaciones muy laxas; por eso cada aspirante hace lo que le da su gana, sin importar que sea sancionado. Todo esto genera una competencia electoral dispareja, pues hay quienes esperan el tiempo estipulado en las leyes electorales y hay quienes prefieren hacerle al “vivo” para estar presentes en la percepción social. Un caso muy claro es lo que ha ocurrido siempre con el doctor José Ramón Enríquez, quien inicia su estrategia fuera de tiempo y nunca ha recibido alguna suspensión en torno a su aspiración, solo multas que generan burla y desconfianza en la sociedad, porque eso le resta credibilidad al “árbitro” electoral.
Regidor.
En estos días sucede algo similar con el regidor capitalino de Morena, Iván Gurrola, quien aparece en la publicidad de un centro comercial aquí en Durango y en algunas pantallas distribuidas en la ciudad, bajo el “cobijo” de una supuesta información periodística, algo que la autoridad debería tomar en cuenta, pero aún más el instituto político al que representa en el Ayuntamiento capitalino, pues se supone que este tipo de prácticas no se habrían de permitir. Y es que se trata de “jugar” con las reglas que todos los partidos han creado a lo largo de los años, porque incluso hace alrededor de tres lustros se modificó la reglamentación electoral para que las campañas fueran más cortas y controladas, además de que existe un hartazgo social en torno a los procesos, y nada de esto abona a que exista una mayor participación en las urnas.
Otro claro ejemplo es lo que sucede con la senadora por Chihuahua, Andrea Chávez, quien ha “tapizado” esa entidad y, todavía peor, se atrevió a incluir su imagen en ambulancias, todo en su aspiración de ser la candidata morenista al gobierno del estado, lo que no solo representa un exceso en términos de promoción personalizada, sino una distorsión del sentido social de los servicios públicos. Porque una cosa es posicionarse políticamente y otra muy distinta es utilizar herramientas que deberían estar destinadas exclusivamente al bienestar de la ciudadanía para fines de carácter electoral, lo que termina por evidenciar que la competencia interna en Morena ya se desbordó, aun cuando oficialmente ni siquiera ha iniciado el proceso.
Bajo este escenario, el argumento de que las candidaturas se definirán mediante encuestas entre mayo y junio termina siendo el pretexto perfecto para justificar esta carrera adelantada, cuando en realidad el fondo del asunto es la lucha interna por el poder. Porque más allá del método, lo que estamos viendo es una disputa sin control, donde cada quien intenta posicionarse como puede, incluso por encima de la ley; y si desde ahora se normalizan estas prácticas, lo que vendrá en el proceso formal será todavía más agresivo, más inequitativo y, sobre todo, más alejado de ese discurso de transformación que tanto presume el oficialismo, pero que en los hechos cada vez se parece más a lo que tanto criticaron.