¿Murió o no Maximiliano en el Cerro de las Campanas?
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónChurchill expresó: “La progresión normal es de izquierda a derecha y con frecuencia de extrema izquierda a extrema derecha”. En reunión llevada a cabo recientemente en la casa de Alazraqui estuvieron el recientemente asesinado Manzo, Moreira, el ex secretario particular de Fox y otros de la recalcitrante derecha. Tal parece que la extrema derecha planea revertir la precitada progresión.
Mucho se ha especulado sobre si Maximiliano de Habsburgo murió o no en el Cerro de las Campanas o Juárez le perdonó la vida por intercesión del poeta Víctor Hugo y muchos masones en virtud de que el emperador era grado 33 de la masonería y todos los liberales que lucharon contra el imperio también lo eran, excepto Ignacio Ramírez, a quien se le conocía como el nigromante y siempre él se declaró ateo.
La historia registra que el día del fusilamiento de Maximiliano Juárez se trasladó en su carroza al lugar de los hechos, donde la esposa del Gral. Mejía corrió tras dicha carroza para pedirle al benemérito el perdón para su esposo, mas el benemérito no detuvo su marcha. Y en contestación a quienes abogaban por la vida del emperador les contestó: “El pueblo de México es quien lo condena”, ya que previo juicio un juez lo halló culpable y ordenó su ejecución.
En un trabajo muy completo de investigación histórica, José Woldenberg sobre estos hechos consigna que la familia imperial austriaca y el ministro Beust vieron la necesidad de solicitar en términos convenientes y corteses del gobierno de la república mexicana la entrega del cadáver del archiduque y en consecuencia previnieron al almirante Tegett que se dirigiera a nuestro ministro de relaciones pidiendo el favor al presidente de la república.
Y fue así como fue repatriado el cadáver de Maximiliano y recibido con todos los honores y duelo del gobierno Lombardo-Véneto, aunque Woldenberg apunta y con razón, que hicieron ver lo anterior como una entrada triunfal del emperador, hecho impolítico a manera de protesta por la suerte del usurpador y como un insulto a nuestra república, perseverándose en un error de que debían arrepentirse y avergonzarse las cortes europeas.
Con lo anterior dejamos asentado que es un error suponer que se le perdonó la vida a Maximiliano y se fue a vivir en un país sudamericano con la condición de que viviría en el anonimato y con el compromiso de no volver a inmiscuirse en la vida política de México. Y a propósito de las manifestaciones, recados o comunicados, resaltaremos que la orden de Maximiliano era fusilar a Juárez donde se le encontrara y viceversa, mas previamente el emperador había conminado al benemérito a que abandonara la lucha y le prometía un puesto distinguido en su administración, cosa que nunca ocurrió porque él lo rechazó.
Referiremos parte de la contestación que Juárez dio a Maximiliano en una carta de fecha 28 de mayo de 1864 desde Monterrey: “Tengo la necesidad de concluir por falta de tiempo y agregaré sólo una observación: “Es dado al hombre, señor, atacar los derechos plenos, apoderándose de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios propios una virtud, pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad y es el fallo tremendo de la historia: Ella nos juzgará”.
De la misma manera la historia se encargará de juzgar a esas voces que hoy, desde el interior del PAN abogan, claman para que fuerzas armadas extranjeras intervengan en México para pacificar al país. Es la misma postura de aquellos que fueron a Europa para traer un noble para establecer un imperio en nuestra patria.