Ajustar el contenido de la Constitución a contextos históricos cambiantes, pues con el paso del tiempo se dan transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales y tecnológicas, que la desactualizan.
Desconfianza hacia la legislación secundaria y las autoridades, ya que se ha llegado a considerar que lo que no está en la Constitución, no será duradero, será distorsionado e incumplido por las autoridades.
La reforma constitucional se ha convertido en una retórica de solución a los problemas que nos aquejan, como si haciendo cambios a la Constitución bastara para solucionarlos; además, es más barato llevar a cabo reformas que invertir recursos presupuestales en una política pública.
La idea consistente en que las disputas políticas se resuelven reformando la Constitución, por lo que convierten a esta en un campo de batalla entre las diversas fuerzas políticas sobre temas coyunturales.
El ego de algunas personas que pretenden que su nombre quede grabado en la historia constitucional mexicana, por haber impulsado reformas que en muchas de las ocasiones no eran indispensables, pero sí rentables para ellas.
No hay una cultura de autocontención constitucional, pues los egos reformistas no son conscientes del gran valor que tiene la estabilidad constitucional.